Hay decisiones de styling que cambian por completo la lectura de un look, y en el caso de Anne Hathaway en Seúl, todo pasa por el fleco. No es un detalle menor ni un gesto decorativo: es el punto que equilibra la propuesta completa, desde el volumen de la silueta hasta la dureza del material.
Para el estreno de El Diablo Viste a la Moda 2, la actriz aparece con un look de Balenciaga FW26 RTW que juega con proporciones amplias, cuero rojo de alto impacto y una construcción que no deja mucho espacio para lo blando. Es una pieza que podría sentirse dominante por sí sola, sin embargo, el peinado introduce otra lectura.
El fleco que lleva Anne Hathaway no responde a la lógica del corte recto tradicional. Es ligero, fragmentado, con una apertura sutil al centro que deja ver la frente y evita cualquier sensación de bloque. Las puntas están desfiladas, casi irregulares, lo suficiente para que el cabello se mueva y no se perciba estático. Esa decisión es la que cambia todo en la imagen de Andy Sachs.
Este tipo de fleco —más cercano a un wispy abierto que a un blunt clásico— se alinea con una tendencia clara en 2026: dejar atrás la perfección rígida. Ya no se busca un acabado impecable en el sentido más literal, sino uno que tenga aire, que permita ver la piel, que no construya una barrera entre el rostro y quien lo observa.
En el caso de Anne Hathaway, funciona también como un recurso de proporción. El volumen del look, especialmente en la parte superior, necesita un punto que corte visualmente sin competir. El fleco enmarca los ojos, dirige la atención hacia el centro del rostro y equilibra la presencia del conjunto.
Las joyas de Bvlgari refuerzan esa intención. No saturan, ni interrumpen. Se integran desde una lógica de precisión que acompaña tanto al vestuario como al peinado. Todo parece responder a una misma idea: controlar el impacto sin eliminarlo.
Más allá del evento puntual, este fleco marca una dirección. No es el regreso del flequillo como tendencia, sino su reformulación. Más ligero, menos evidente y más funcional. Un recurso que no busca protagonismo por sí mismo, pero que define el resultado final durante el tour global de la secuela de El diablo viste a la moda.
En un look donde todo podría inclinarse hacia lo estructural, ese gesto mínimo —la forma en la que cae el fleco sobre la frente— es lo que introduce equilibrio. Y en esa precisión, está la diferencia esta temporada.