En la Semana de la Moda Masculina de París, Willy Chavarría convirtió la idea de desfile en algo insuficiente. Su propuesta para Otoño/Invierno 2026—titulada “Eterno”—se vivió como un montaje con estructura dramática, música en vivo y una energía de calle que no pretendía ser decorado, sino que fue parte del argumento. El resultado fue una pasarela que avanzó con ritmo de obra musical, donde cada aparición tenía intención y cada canción movía la historia hacia adelante.
El arranque lo dejó claro desde el primer minuto. Mon Laferte abrió el show como presencia central y no como invitada. La cantante tomó el espacio con una entrada pensada para ser vista y escuchada, y desde ahí el desfile se permitió lo que muchos shows evitan: detenerse, respirar y crear tensión. A su lado—y en distintos momentos—aparecieron Lunay y el italiano Mahmood, integrados a la puesta como voces que sostienen el clima emocional del relato.
La lógica de su propuesta fue la del musical contemporáneo: no se trataba de intermedios, sino de capas donde el show escenificó una historia con amor, traición y crimen, mientras los modelos caminaban por un espacio que simulaba calles, como si la ciudad fuera un set vivo. En paralelo, otras apariciones musicales reforzaron ese pulso colectivo: Latin Mafia cerró con una interpretación en vivo, subrayando el carácter de evento más que de simple presentación de temporada.
Lo potente de “Eterno” es que el elenco no se limitó a cantantes. Willy Chavarría sumó presencias que amplifican su conversación cultural: Santos Bravos, la boy band formada por HYBE Latin America, se integró al universo del show como parte de esa energía multicultural que él lleva temporadas construyendo y el casting también reforzó el guiño a códigos urbanos y latinos como la participación en pasarela de El Malilla y El Bogueto, con estilismos que mezclaron volumen, texturas y referencias callejeras sin perder teatralidad.
El frente de celebridades tampoco fue discreto, personajes como Romeo Beckham y Julia Fox estuvieron entre los asistentes, confirmando que la conversación alrededor del show no se quedó en la ropa, sino en el espectáculo total.
Lo que hace especial a este musical no es solo la lista de estrellas, sino el gesto curatorial de Willy Chavarría trata la música como narrativa y como postura. “Eterno” confirma algo que el diseñador viene afinando show tras show: la moda puede ser un lenguaje completo cuando se atreve a cargar con historia, comunidad y emoción real. En París, esa apuesta se sintió menos como presentación —en su sentido tradicional— y más como una declaración escénica que se recuerda por lo que hizo sentir, no solo por lo que mostró.