Martine Rose asumirá la dirección creativa de Balenciaga el próximo 16 de noviembre de 2026 y se convertirá en la primera mujer en ocupar ese puesto durante los 109 años de historia de la maison. El nombramiento, anunciado por Kering el 6 de noviembre, marca el regreso de una diseñadora que conoce la casa desde dentro ya que entre 2015 y 2018 colaboró como consultora de moda masculina durante la etapa de Demna. Ahora tendrá bajo su responsabilidad la visión creativa completa de la firma.
Su llegada sucede a la salida de Pierpaolo Piccioli, quien dejó el cargo después de tres temporadas. El movimiento también introduce un perfil distinto en la dirección de una de las casas más reconocibles de la industria ya que Martine Rose construyó su reputación lejos de las estructuras tradicionales del lujo, a partir de una marca independiente y una relación estrecha con la cultura urbana.
Quién es Martine Rose y cómo construyó su carrera
Nacida en el sur de Londres, la diseñadora británica estudió en Middlesex University después de realizar un curso preparatorio en Camberwell College of Arts. Tras graduarse en 2002, comenzó a trabajar en proyectos de ropa junto a un amigo y, después de cerrar aquella primera iniciativa, concentró sus esfuerzos en desarrollar su propia firma.
En 2007 fundó Martine Rose, una marca que se convirtió en una referencia dentro de la moda masculina independiente. Su propuesta tomó elementos de la vida cotidiana londinense, la música, las comunidades juveniles y distintas escenas culturales para cuestionar las reglas tradicionales de la vestimenta.
En 2011 recibió apoyo de NEWGEN, el programa del British Fashion Council que impulsa a diseñadores emergentes. La plataforma le permitió consolidar su proyecto y formar parte de una generación de creadores que transformó la conversación sobre la moda británica.
La diseñadora que convirtió la subcultura en lenguaje de lujo
Las colecciones de Martine Rose suelen partir de prendas reconocibles como camisetas de fútbol, pantalones amplios, chaquetas deportivas, camisas y uniformes cotidianos. Sin embargo, modifica sus proporciones, materiales y construcción hasta alterar la percepción de esas piezas. Los hombros exagerados, los volúmenes generosos y las siluetas deliberadamente descentradas forman parte de su vocabulario.
Su trabajo también cuestiona las convenciones de la moda masculina. En lugar de recurrir a una idea rígida de elegancia, combina referencias de distintas generaciones y comunidades, con una atención particular a la identidad y los códigos sociales asociados a la ropa.
Esa sensibilidad llegó a colaboraciones con firmas como Nike y Supreme. También trabajó con Clarks como directora creativa invitada, una colaboración relevante para la histórica compañía británica de calzado. Su influencia no depende únicamente de las prendas ya que sus desfiles suelen incorporar espacios inesperados y personas alejadas del casting tradicional de pasarela.
Su relación anterior con Balenciaga y Demna
El nuevo puesto no representa su primer acercamiento a la maison. Entre 2015 y 2018, Martine Rose trabajó como consultora de menswear durante la dirección de Demna. En ese periodo participó en una etapa que definió buena parte de la identidad urbana y las proporciones oversize asociadas a Balenciaga.
Su regreso plantea una conexión entre dos momentos de la casa, aunque ahora con una diferencia fundamental pues tendrá libertad para establecer una dirección propia y trabajar tanto en las colecciones masculinas como en las femeninas.
Balenciaga fue fundada por Cristóbal Balenciaga en San Sebastián en 1917 y estableció su casa parisina en 1937. Su historia está marcada por transformaciones en la silueta, la construcción y la relación entre moda y arte. La llegada de Martine Rose abre otra etapa en esa evolución, con una diseñadora cuya formación cultural se distancia de los recorridos habituales de los directores creativos de las grandes maisons.
Qué puede significar su llegada para Balenciaga
La elección de Martine Rose también refleja un interés de Kering por conectar sus casas con nuevas generaciones de consumidores y con códigos culturales que nacen fuera del circuito tradicional del lujo. Su experiencia en la escena independiente le ofrece una perspectiva distinta sobre el deseo, la identidad y la manera en que la ropa adquiere significado.