Mariah Carey nunca ha entendido la moda como algo discreto, y precisamente por eso su más reciente aparición confirma algo que ya era evidente: Glamoratti necesita exceso, actitud y un personaje que lo sostenga. La cantante se dejó ver envuelta en un abrigo de Gucci que encarna a la perfección esta tendencia que celebra el glam sin ironía y el lujo llevado con plena conciencia escénica.
El abrigo —voluminoso, de textura exuberante y con un aire deliberadamente opulento— no busca mimetizarse con el entorno ni pasar desapercibido. Todo lo contrario. Funciona como pieza central de un look construido para ser visto, reconocido y recordado. En clave Glamoratti, la prenda no acompaña, domina y Mariah Carey, con su historial de estilismos maximalistas, es una de las pocas figuras capaces de llevarlo sin que se sienta impostado.
Lo interesante del gesto no está solo en el abrigo, sino en cómo lo lleva. Mariah Carey lo combina con botas altas, lentes oscuros y una actitud que roza lo performático, pero sin caer en la caricatura. Aquí es donde Glamoratti se vuelve creíble para 2026, pues no se trata de disfrazarse, sino de habitar el exceso con naturalidad. El abrigo Gucci no es un guiño irónico ni una nostalgia vacía; es una declaración de presencia.
Dentro del universo Gucci, esta pieza dialoga con una larga tradición de glam exagerado, referencias al viejo Hollywood y una noción del lujo que no teme ser visible. En Mariah Carey, esa narrativa encuentra una aliada natural. Su imagen pública siempre ha estado ligada al brillo, al drama y a una cierta idea de diva contemporánea que hoy vuelve a sentirse relevante frente a un panorama de moda saturado de minimalismo funcional.
Más que sumarse a una moda pasajera, Mariah Carey refuerza el argumento central de Glamoratti, el glam funciona cuando quien lo lleva cree en él. Su abrigo Gucci no intenta actualizarla ni hacerla parecer otra cosa. Al contrario, amplifica lo que siempre ha sido.