Las joyas robadas del Louvre reaparecen en la Alta Costura 2026 de Schiaparelli

En la Alta Costura 2026, Schiaparelli convirtió la historia del Louvre en materia creativa y transforma joyas desaparecidas en piezas escultóricas que dialogan con arte, memoria y deseo contemporáneo

Rahul Mishra - Front Row - Paris Fashion Week - Haute Couture Week Spring/Summer 2026

Las joyas robadas del Louvre reaparecen en la Alta Costura 2026 de Schiaparelli

Lyvans Boolaky/Getty Images

La Alta Costura funciona, en su mejor versión, como un espacio donde la moda puede dialogar con la historia sin necesidad de reproducirla de forma literal. En la colección de Alta Costura 2026 de Schiaparelli, ese diálogo tomó forma a partir de un gesto sumamente provocador: la evocación de joyas históricas del Museo del Louvre que, a lo largo del tiempo, fueron robadas, extraviadas o simplemente desaparecieron de los registros públicos.

Lejos de cualquier intención documental, la propuesta creativa transforma esas ausencias en símbolos. Las joyas no regresan como piezas recuperadas, sino como interpretaciones artísticas cargadas de teatralidad, volumen y una fuerte dimensión escultórica. Collares, pendientes y ornamentos corporales aparecen integrados al cuerpo como reliquias reinventadas, desdibujando la frontera entre accesorio, objeto museístico y fantasía de archivo.

Bajo la dirección creativa de Daniel Roseberry, Schiaparelli vuelve a demostrar que la alta costura no se limita al virtuosismo técnico, sino que también puede ser un ejercicio narrativo. En esta colección, las joyas funcionan como detonantes emocionales con piezas que remiten a un pasado fragmentado, a historias interrumpidas, a tesoros que sobreviven más en la imaginación que en la vitrina.

El uso del dorado, las piedras sobredimensionadas y los acabados que rozan lo surreal refuerzan esa tensión entre lo real y lo imaginado. Cada pieza parece cargar con una biografía inventada, como si hubiera sido arrancada de un salón barroco o de una pintura clásica, para reaparecer ahora sobre vestidos de siluetas precisas y cortes casi arquitectónicos. La mujer Schiaparelli no porta la joya como adorno, sino como una declaración donde la historia no se conserva intacta, sino se reinterpreta.

El vínculo con el Louvre no es casual. Como institución, el museo representa la idea de patrimonio, de custodia y de valor cultural. Al aludir a joyas ausentes, la colección introduce una pregunta incómoda y fascinante: ¿qué sucede cuando el objeto desaparece, pero su mito permanece? En manos de Schiaparelli, esa pregunta se convierte en moda de alto impacto visual, donde la ausencia se vuelve presencia.

Más que un guiño histórico, la Alta Costura 2026 de Schiaparelli propone una reflexión contemporánea sobre el deseo, la pérdida y la fascinación por lo irrecuperable. Las joyas inspiradas en tesoros desaparecidos no buscan ser reconocidas, sino sentidas. Y en ese gesto, la maison confirma que la alta costura sigue siendo el lugar donde la moda puede permitirse imaginar lo imposible y hacerlo creíble por un instante.

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