La Alta Costura sigue siendo el corazón creativo de Chanel, y la colección Primavera-Verano 2026 lo reafirma desde un lugar introspectivo, casi poético. En su debut couture al frente de la maison, Matthieu Blazy se adentra en una pregunta esencial: qué hace que Chanel sea Chanel. La respuesta no llega desde el exceso ni la nostalgia literal, sino desde la emoción que se activa cuando una prenda entra en contacto con el cuerpo de quien la lleva.
La propuesta parte de la idea de la Alta Costura como un intercambio sensible entre creador y usuaria. Aquí, la prenda no se entiende como objeto estático, sino como una superficie viva donde se proyecta una historia personal. La ligereza, el movimiento y la libertad de expresión funcionan como ejes conceptuales, dando forma a siluetas que celebran la individualidad femenina sin imponer un molde único. Cada look parece diseñado para acompañar un gesto, una respiración, un instante suspendido en el tiempo.
El desfile abre con un gesto simbólico potente, el icónico traje Chanel aparece depurado hasta su esencia, construido en transparencias de muselina de seda y tonos delicados. Es una silueta que remite a la memoria de la casa, pero también a la de quien la viste. Detalles bordados —cartas de amor, un frasco de N°5, un labial rojo— emergen como fragmentos íntimos, ocultos en bolsillos, cosidos en el interior o integrados a la cadena característica de la maison. Lo interior se hace visible, revelando una vida emocional que normalmente permanece en silencio.
A partir de ahí, la colección entra en un proceso de metamorfosis. La mujer Chanel se transforma simbólicamente en ave, no como disfraz, sino como estado. A través del trabajo conjunto de los ateliers flou y tailleur, y de los artesanos textiles y de bordado de le19M, las prendas evocan plumajes, alas y movimientos aéreos sin recurrir de forma literal a la pluma. El virtuosismo técnico se expresa en capas, plisados, tejidos y bordados que sugieren vuelo, ligereza y expansión.
La paleta y las formas recorren un amplio imaginario, desde siluetas oscuras que subrayan la precisión del corte hasta composiciones cromáticas complejas que recuerdan aves domésticas y exóticas. Palomas grises, garzas estilizadas o figuras más exuberantes conviven en un paisaje onírico, poblado por setas monumentales y una atmósfera de bosque encantado. La naturaleza no se representa como decorado, sino como una presencia emocional que dialoga con los códigos históricos de la maison.
En esta colección, la libertad no se proclama sino que se siente. Chanel propone una pausa poética, breve e intensa, donde la Alta Costura existe para ser vivida y luego desaparecer, como un ave que alza el vuelo y deja tras de sí una impresión duradera.