Por : Michelle Aubert
De Daniel Buren dialogando con la arquitectura de Luis Barragán a una respiración convertida en obra por Mio Yamato: un recorrido por los artistas, encuentros y exposiciones que hicieron detener mi mirada durante GAMA Week.Hay semanas en las que Ciudad de México parece recordarnos por qué se ha convertido en uno de los puntos más interesantes del mapa internacional del arte. GAMA Week es una de ellas.
Durante unos días, recorrer galerías se convierte también en una manera distinta de habitar la ciudad. Cambia el ritmo, cambian las rutas y hasta nuestra forma de vestir parece entrar naturalmente en ese juego visual. Arte, arquitectura y estilo conviven sin demasiadas explicaciones: simplemente forman parte de una misma experiencia cultural.
Creada por GAMA —Galerías de Arte Mexicanas Asociadas— para fortalecer el ecosistema galerístico de la ciudad y acercar el arte y el coleccionismo a nuevos públicos, GAMA Week convierte distintos barrios de la capital en un gran recorrido artístico.Intentar verlo todo sería casi imposible. Así que hice algo mucho más interesante: dejar que el recorrido fuera tomando su propia forma. Hubo exposiciones que me detuvieron por el color, otras por la materia y algunas por encuentros inesperados.Estas fueron las que permanecieron conmigo.
Buren + Barragán: color, espacio y arquitectura
Uno de mis momentos favoritos sucedió en Casa Gilardi, donde Galería Hilario Galguera y SAENGER Galería presentan Buren, Barragán, un encuentro entre la obra de Daniel Buren y una de las últimas casas diseñadas por Luis Barragán.La combinación parece casi inevitable. Buren lleva décadas utilizando el espacio, la geometría y el color como parte de su obra; Barragán convirtió esos mismos elementos en una experiencia arquitectónica profundamente emocional.
Entre espejos, líneas y los rosas, amarillos y azules de Casa Gilardi, por momentos uno deja de preguntarse dónde termina Barragán y comienza Buren. Eso fue justamente lo que más disfruté: no se siente como una intervención, sino como una conversación.
Manuel Felguérez + Guillermo García Cruz: dos generaciones, un diálogo
En Proyectos Monclova, Evocaciones escultóricas, de Manuel Felguérez, y Imágenes interrumpidas, del uruguayo Guillermo García Cruz, construyen otro diálogo.
Separados por generaciones, ambos parten de la abstracción desde lugares completamente distintos. En Felguérez la geometría tiene peso, materia e historia; en García Cruz se fragmenta y parece acercarse al lenguaje visual de nuestro presente.
No necesitan pertenecer a la misma generación para entenderse. Quizá eso fue precisamente lo que hizo tan interesante verlos juntos.
Andrew Holmquist + Cecilia Granara: dos maneras de mirar
En Galería Karen Huber, Aguacero, de Andrew Holmquist, y ¡Ve a pintar!, de Cecilia Granara, fueron una pausa mucho más sutil.
Holmquist mira hacia afuera: escenas cotidianas, movimiento y una pintura gestual llena de color. Granara parece mirar hacia adentro, construyendo un universo más íntimo entre cuerpos, animales, símbolos y espiritualidad.
Una observa la ciudad; la otra parece observar lo invisible.
Fue una combinación ligera y sensible que simplemente daba ganas de mirar.
Mio Yamato: una respiración convertida en memoria
Mi primera visita a SAENGER Galería terminó siendo también uno de los encuentros más personales del recorrido. Ahí conocí a Mio Yamato, artista japonesa de 36 años que viajó a México para presentar Quiet Emergence, su primera exposición individual en América.
Su práctica parte de gestos mínimos y del propio cuerpo: el pulso, la repetición, la sangre o algo tan cotidiano como respirar.
Conocerla hizo que la obra cobrará otra dimensión. Durante nuestro encuentro, Mio realizó in situ una pequeña pieza utilizando su propia respiración para dejar un registro en rojo y me la entregó.
Terminé llevándome esa respiración conmigo.
También descubrí una galería amplia, luminosa y con algo que me parece fundamental: invita a imaginar las obras fuera de sus paredes, a convivir con ellas y, naturalmente, a coleccionar.
A veces una colección comienza exactamente así: con una conversación y un instante que decidimos conservar.
Lagartijas Tiradas al Sol: entrar en otra atmósfera
Mi paso por Galerie Nordenhake fue breve, pero No es un poema, aunque soñemos muchas cosas, de Lagartijas Tiradas al Sol, consiguió cambiar inmediatamente la atmósfera.
Cálida y envolvente, la exposición se experimentaba casi como entrar en otro ambiente. Un pequeño recordatorio de que no todo encuentro con el arte necesita comenzar con una explicación: algunas obras conectan primero desde los sentidos.
Brian Eno: cuando el espacio también se escucha
En uniōn, la experiencia cambia nuevamente de sentido. Una pieza de Brian Eno, una de las figuras más influyentes de la música experimental y ambiental, convierte sonido y arquitectura en parte de una misma experiencia.
La instalación fue adaptada a las proporciones y acústica del espacio, haciendo que la percepción cambie mientras lo recorremos.
Me interesó especialmente esa idea: una obra que no permanece idéntica al cambiar de lugar, sino que aprende a convivir con él. En un recorrido dominado por lo visual, Eno nos recuerda que el arte también puede comenzar cerrando los ojos.
Aldo Chaparro: descubrir otra faceta
En CAM Galería, fake gods me permitió encontrar a Aldo Chaparro desde un lugar diferente.
Acostumbrados a reconocerlo por sus esculturas y su relación física con materiales industriales, aquí la pintura adquiere protagonismo. Y, sin embargo, Chaparro sigue siendo completamente reconocible: permanecen el gesto, la fuerza y el interés por transformar la superficie.
Más que un cambio de dirección, se siente como descubrir otra dimensión de un lenguaje que ya estaba ahí.
Asunción Molinos Gordo: cuando la historia se vuelve materia
En Travesía Cuatro, de aquellos barros, estos lodos, de Asunción Molinos Gordo, conecta dos territorios aparentemente lejanos: Mayrit —la ciudad andalusí sobre la que se desarrolló Madrid— y Tenochtitlan.
A través de cerámica, piedra, vidrio y otros materiales, la artista explora procesos de transformación, destrucción y memoria.
Lo que más me interesó fue precisamente eso: aquí la historia no sólo se cuenta. Se moldea, se funde, se teje y vuelve a convertirse en materia.
Lo que permanece después de mirar
GAMA Week termina, pero muchas de sus exposiciones permanecen abiertas durante septiembre y algunas hasta octubre. Una oportunidad para recorrerlas con más calma, descubrir nuevos artistas y, sobre todo, construir una mirada propia.
Porque después de tantas imágenes, nombres y espacios, no necesitamos recordarlo todo.
Recordamos aquello que nos hizo mirar dos veces.