Sebastián Yatra habló en exclusiva para Harper’s Bazaar en español sobre como los sueños no terminan cuando se cumplen. Después de convertir algunos de los deseos que imaginó desde niño en parte de su realidad, el cantante colombiano asegura que su siguiente pregunta ya no tiene tanto que ver con alcanzar más, sino con entender qué hacer con todo lo que ha recibido.
Llega a esta conversación en un momento en el que su carrera y su vida personal parecen compartir una misma pregunta: qué hacer cuando algunos de los sueños que alguna vez parecieron lejanos ya forman parte de la realidad.
Has pasado gran parte de tu vida persiguiendo sueños que hoy ya son tu realidad. ¿Qué sucede cuando alcanzas muchas de las cosas que imaginabas? ¿Cómo aprendes a volver a desear?
Creo que, más que estar pensando en aprender a desear más, lo importante es no perder la capacidad de asombro. Yo, gracias a Dios, no la he perdido; al contrario, cada vez me sorprende más todo lo que la vida me ha dado.
Y entonces la pregunta cambia: ¿cómo uso toda esta bendición para ayudar a los demás? ¿Cómo hago para que otras personas también puedan sentir algo de eso que yo llevo en el corazón y que tengo la fortuna de vivir? Al final, para mí se trata de dejar algo que valga la pena. De entender que todo esto no me está pasando solamente para mí, sino también para encontrar la manera de ponerlo al servicio de los demás.
En los últimos años has hablado mucho de aprender a estar presente. ¿Qué tuviste que soltar para poder llegar a ese lugar?
Aprender a respirar cada vez más, a mirar hacia adentro. Creo que todas las experiencias que he vivido, incluso las más complejas de atravesar, han terminado siendo muy bonitas porque siempre he encontrado una salida a través del amor. Muchas veces los retos llegan disfrazados de dolor, de incertidumbre o de miedo, pero detrás de ellos hay aprendizajes enormes. Y siento que cada una de esas experiencias, de alguna manera, ha ido forjando a la persona que soy hoy.
La ropa puede servir para mostrarnos, pero también para protegernos. En tu caso, ¿vestirte se ha convertido más en una manera de revelar quién eres o de decidir qué parte de ti quieres mostrar?
Un poquito de los dos. Sí, para mí también es una forma de expresión. Vestirse bien es divertido porque uno se viste con una intención distinta según el momento. A veces es: “voy a salir a una fiesta y me quiero ver increíble”; otras, “voy con mis amigos y vamos a ver qué nos depara la noche”. Para mí, cada día tiene algo de aventura, y creo que vestirse también es una manera de salir al mundo mostrando tu mejor versión.
¿Hay algo que hoy te atreves a usar (una joya, una silueta, un color, una actitud) que hace algunos años te habría hecho sentir incómodo? ¿Qué cambió?
Por ejemplo, ahora uso aretes y antes no me atrevía. Tampoco era algo que me llamara tanto la atención, pero recuerdo que una vez, cuando tenía como doce años, me puse unos y mi papá se quedó tan impactado que terminé quitándomelos.
Hoy los uso con toda naturalidad y, de alguna manera, también ha sido un pequeño paso personal. Me encantan, la verdad. Y lo bonito es que a mi familia cada vez también le gustan más.
¿Tienes alguna pieza (una joya, una prenda, un reloj) que conserve una historia que te importe más que su valor?
Tengo un Patek Tiffany que, para mí, representa de una manera muy especial la relación que he construido con Tiffany a lo largo de los años. Cuando estuve en Broadway haciendo Chicago, el musical, tuve la oportunidad de visitar el flagship y, por fortuna, pude conseguir uno de esos Patek Tiffany tan especiales. Es una pieza espectacular y tiene un significado muy personal para mí.
Entonces, ese reloj, me trae recuerdos muy bacanos y marca para mí esta relación con Tiffany, que obviamente es un sueño poder ser embajador de la marca y la gente que he conocido aquí, lo que he aprendido y nada, ojalá que, que sea por muchos años.
¿Qué lujo valoras hoy que no se puede comprar?
Un lujo que valoro muchísimo es estar rodeado de buenas personas, de gente que quiero y que me quiere, y sentir que todos estamos remando hacia el mismo lugar. Para mí, eso tiene un valor enorme: compartir algo que nos importa, que tiene sentido y propósito, tanto de manera colectiva como personal para cada uno.
En este nuevo momento creativo, ¿desde qué lugar quieres escribir: desde las respuestas o desde las preguntas?
Para mí, las canciones, al final del día, son como medicina, y muchas veces uno las crea con la intención de sacar a alguien de algún lugar complejo en el que está, o de transformar una emoción o algo que te está pasando, pero a través de una canción le puedes dar la vuelta y Ajá.
Y eso es lo que me pasa mucho con la música. Un ejemplo grande es “Tacones rojos”, que es mi canción más feliz y que tira a la gente para arriba, pero la escribí en el momento donde me sentía más metido en un hueco. Y la hice precisamente para sacarme de ahí. Entonces, fue una medicina que creé para mí y, bueno, eso hace que termine funcionando para los demás, pero creo que es importante empezar escribiendo por y para ti, que sea algo que realmente vos, cada canción que hagas, digas la escucharía cien veces seguidas en replay.
Si dentro de muchos años alguien pudiera escuchar tus canciones, ver tus fotografías y observar las cosas que elegiste llevar puestas, ¿qué te gustaría que entendiera sobre el hombre que fuiste?
Me gustaría que supieran que nunca le puse límites a mis sueños. Siempre he creído que en esta vida hay que atreverse a soñar en grande, a imaginar cosas que quizá al principio parezcan absurdas o imposibles. Porque si algo puede existir en tu mente, también puede encontrar una manera de existir en la realidad.
Me gustaría ser recordado como alguien que soñó sin techo, que disfrutó sin medida y que, sobre todo, supo gozar el camino mientras convertía esos sueños en realidad.