La alfombra roja de los Golden Globes 2026 no solo se lee a través de vestidos y flashes, sino también a partir de ausencias que, lejos de generar vacío, abren nuevas narrativas. Una de las más comentadas fue la de Ariana Grande, quien apareció sola, sin Cynthia Erivo, su cómplice creativa en uno de los proyectos más relevantes de los últimos años.
La expectativa era comprensible. Desde que ambas compartieron escena y discurso en Wicked, su relación profesional —y la afinidad genuina que se percibe entre ellas— había construido una imagen de dupla inseparable dentro y fuera del set. Por eso, la llegada de Ariana Grande en solitario activó lecturas inmediatas, sin embargo, el contexto es claro y profundamente profesional.
Cynthia Erivo, aunque nominada esta noche, no asistió a la ceremonia porque se encuentra en Londres, completamente enfocada en uno de los retos más ambiciosos de su carrera teatral: Drácula, una adaptación unipersonal en la que interpreta 23 personajes, incluido Drácula. Las funciones de preestreno comienzan el 4 de febrero y el nivel de exigencia física, vocal y emocional de este montaje explica una agenda sin margen para desplazamientos. Lejos de cualquier lectura negativa, Cynthia Erivo ha expresado entusiasmo y gratitud por su nominación, incluso a la distancia.
En ese marco, la presencia de Ariana Grande se vuelve más interesante cuando se observa sin dramatismo. La artista caminó la alfombra roja con una seguridad serena, consciente de su lugar y del momento que atraviesa. Su look —elegante, pulido y sin artificios innecesarios— dialogó con una estética de madurez estilística: siluetas limpias, actitud contenida y una lectura clara de lo que significa ocupar el centro sin necesidad de acompañamiento simbólico.
El lenguaje corporal fue clave. Ariana Grande se mostró relajada, cercana y cómoda frente a las cámaras, proyectando una imagen que se aleja de la dependencia narrativa. En un entorno donde las mujeres suelen ser leídas a partir de quién está —o no— a su lado, su aparición sola funcionó como una afirmación silenciosa de autonomía.
Más allá del momento puntual, la escena revela algo más amplio sobre cómo se construyen las expectativas públicas en torno a las alianzas femeninas. La cercanía no siempre necesita validarse con presencia física, especialmente cuando ambas trayectorias están atravesando puntos de expansión profesional. Mientras Ariana Grande ocupaba la alfombra roja en Beverly Hills, Cynthia Erivo afinaba un proyecto que exige concentración absoluta al otro lado del Atlántico.
Los Golden Globes 2026 ofrecieron así una imagen precisa: dos mujeres en escenarios distintos, sostenidas por el mismo impulso creativo. Ariana Grande no llegó acompañada, pero tampoco llegó incompleta. Llegó exactamente donde tenía que estar.