Más allá del personaje camaleónico que redefinió la música y la estética del siglo XX, David Bowie fue padre de dos hijos que crecieron entre escenarios, mudanzas y una exposición pública inevitable. Con trayectorias distintas y decisiones personales muy marcadas, ambos han construido identidades profesionales alejadas del simple eco de un apellido icónico.
David Bowie tuvo a su primer hijo, Duncan Zowie Haywood Jones, en 1971, fruto de su matrimonio con Angie Bowie. Décadas después, en el año 2000, nació Alexandria “Lexi” Zahra Jones, hija del artista con la modelo Iman, con quien mantuvo una relación estable hasta su fallecimiento en 2016.
Duncan Jones: del apellido Bowie al cine de autor
Duncan Jones creció entre el Reino Unido, Suiza y Estados Unidos. Aunque en su infancia estuvo inevitablemente asociado a la figura pública de su padre, en la adultez optó por una carrera completamente independiente en la industria cinematográfica. Estudió Filosofía y posteriormente se formó en la London Film School, donde consolidó su interés por la narrativa visual.
Su debut como director llegó en 2009 con Moon, una película de ciencia ficción protagonizada por Sam Rockwell. El filme fue ampliamente reconocido por la crítica y le valió el Premio BAFTA al Mejor Debut Británico de un Guionista, Director o Productor. A partir de ahí, Duncan Jones continuó explorando historias con trasfondo tecnológico y existencial en proyectos como Source Code (2011) y Warcraft (2016), esta última basada en la popular franquicia de videojuegos.
Su filmografía evidencia una inclinación hacia universos narrativos complejos, donde la identidad, la memoria y la ética tecnológica ocupan un lugar central. Más allá de lo profesional, Duncan ha formado una familia junto a la fotógrafa Rodene Ronquillo, con quien tiene dos hijos. Su vida pública ha sido discreta, y en distintas entrevistas ha subrayado que su carrera no busca replicar el legado musical de su padre, sino responder a inquietudes propias.
Lexi Jones: arte y música en primera persona
Alexandria Zahra Jones nació en Nueva York en agosto de 2000. Su infancia transcurrió entre Manhattan y Londres, en un entorno creativo, pero deliberadamente protegido de la exposición mediática excesiva. Tras la muerte de David Bowie en enero de 2016, Lexi atravesó públicamente un periodo de duelo que ella misma ha mencionado como transformador.
En los últimos años ha compartido su trabajo artístico a través de plataformas digitales, mostrando ilustraciones, pintura y composiciones musicales. Ha desarrollado proyectos personales que combinan sensibilidad visual y experimentación sonora, con un enfoque introspectivo. Aunque su producción no se enmarca dentro de la industria musical masiva, sí refleja una búsqueda creativa constante y consciente de la herencia cultural que la rodea.
Recientemente habló a través de sus rede sociales sobre los problemas de adicciones que atravesó durante su adolescencia, en un revelador video de 20 minutos, Lexi habló de lo difícil que fue crecer con las expectativas puestas sobre ella por ser “la hija de”.
Desde muy chica sentí que era la ‘hija de’. La gente proyectaba constantemente cosas en mí y yo sentía que ya estaba definida antes de tener la oportunidad de que me conocieran.
En el mismo reel, Lexi reconoció que tuvo una infancia feliz, sin embargo, la fama de sus padres marcó su destino desde los 10 años cuando inició terapia debido a las autolesiones que se infringía, mismas que dos años después evolucionaron a ataques de ansiedad y bulimia.
No sabía por qué me sentía así, solo que era miserable, estúpida, incompetente, inútil, que no era digna de ser amada. Y tener padres exitosos solo lo empeoraba. No podía entender cómo prosperaban en todos los aspectos y yo fracasaba en todo
Con el diagnostico de cáncer de su padre, a los 14 años, el escenario para Lexi se oscureció aún más ya que, reconoce, recurrió a las adicciones para sentirse libre y escapar de la realidad. Esto llevó a sus padres a tomar una decisión tajante: una mañana, mientras se preparaba para ir a la escuela, personal sanitario entró a su casa para llevarla a un centro de rehabilitación.
Una mañana ya me había preparado para ir al colegio y mi madre me llamó: estaban con mi papá y mi madrina de pie, y él me leyó una carta que me había escrito; no recuerdo bien qué decía, pero sí la última frase: ‘Lo siento, tenemos que hacer esto’.
Tras 90 días de internamiento, fue trasladada a otro centro donde le esperaba 13 meses de rehabilitación, durante su estadía en ese lugar, David Bowie murió en 2016, por lo que ella no pudo estar presente durante su despedida, aunque pudo hablar con él dos días antes de su fallecimiento, el dolor de no haber estado allí aún está presente en su vida. Actualmente tiene 25 años y ha construido una carrera como artista visual que la llena de orgullo, pues asegura que nunca imaginó llegar tan lejos.