En la propuesta Otoño-Invierno 2026 de Max Mara, el color construye. La colección se apoya en una gama precisa de tonos tierra —camel, lobo, zorro, león— atravesados por negros densos y un borgoña profundo que aporta contraste sin romper la armonía.
La primera lectura es clara, el camel sigue siendo columna vertebral. No como básico neutro, sino como material narrativo. En abrigos amplios de hombro definido, en faldas maxi de cashmere que abrazan la cadera, en túnicas de ante que caen rectas y limpias. El color trabaja junto a la textura: cashmeres, alpacas, mohairs y dobles telas luminosas amplifican la profundidad tonal, generando una superficie rica, pero sobria.
El borgoña aparece como punto de tensión. Un abrigo largo en rojo vino, casi oscuro, suma densidad visual y dialoga con guantes y bolsos en la misma familia cromática. No es un rojo brillante; es un rojo contenido, que se integra a la narrativa terrosa sin desplazarla. Funciona como capa intermedia entre el negro y los camellos.
El negro, por su parte, limpia el conjunto. En vestidos de caída fluida y capas estructuradas, aporta peso y precisión. Las siluetas en negro permiten que la arquitectura del hombro y la verticalidad del cuerpo se lean con claridad.
Hay también una coherencia en los accesorios: botas hasta medio muslo en tonos coordinados, bolsos de estructura suave en suede y cuero que repiten la paleta principal. Nada rompe la continuidad cromática. Todo está pensado para convivir.
La referencia histórica que atraviesa la colección —un guiño a una estética con ecos medievales y a la figura de Matilde di Canossa— se traduce en esta elección de colores sólidos, ligados a la tierra y a la permanencia. No hay estampados disruptivos ni combinaciones estridentes. La fuerza está en la concentración.
Más que una paleta amplia, es una paleta afinada. Camel como eje, borgoña como profundidad, negro como contorno. La colección reafirma el ADN de Max Mara desde el color: elegancia utilitaria, materiales nobles y una construcción que prioriza longevidad.
En Otoño-Invierno 2026, la casa italiana no introduce nuevos códigos cromáticos; los consolida. Y al hacerlo, demuestra que cuando el color está bien elegido, no necesita elevar la voz.