En la historia reciente de la Met Gala hay momentos que redefinen lo que entendemos por impacto en alfombra roja. Uno de ellos ocurrió en 2016, cuando Beyoncé apareció en el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York bajo el código Manus x Machina: Fashion in an Age of Technology. Aquella noche no solo interpretó el tema desde la moda; lo convirtió en una declaración visual sobre cuerpo, materialidad y poder escénico.
La cantante eligió un diseño de látex nude con incrustaciones de perlas firmado por Givenchy. La pieza, completamente ceñida al cuerpo, combinaba estructura tecnológica con un trabajo manual minucioso. Las aplicaciones de perlas y cristales recorrían la silueta como si fueran constelaciones sobre una segunda piel translúcida. El resultado era un equilibrio entre precisión y romanticismo en sintonía directa con la temática de ese año.
El vestido no apelaba al volumen ni al exceso. Su fuerza residía en la tensión entre el material —látex moldeado al cuerpo— y la delicadeza de las incrustaciones. El escote alto, las mangas largas y la silueta sirena reforzaban una imagen de control absoluto. No era fragilidad; era presencia calculada.
En términos de construcción estética, aquel look consolidó una narrativa que Beyoncé ya venía desarrollando en esa etapa de su carrera: la del cuerpo como territorio de expresión artística y afirmación. La elección del tono nude, casi imperceptible desde la distancia, intensificaba el efecto de continuidad entre piel y prenda, mientras que las perlas aportaban dimensión y textura.
Han pasado diez años desde esa aparición, pero el próximo 4 de mayo, Beyoncé regresa a la Met Gala, esta vez como anfitriona junto a Nicole Kidman y Venus Williams. El cambio de rol modifica la expectativa: ya no solo asistirá como invitada de alto impacto, sino como figura central de la noche.
El recuerdo de 2016 funciona como referencia inevitable. Aquella edición dejó claro que su relación con la moda no es circunstancial. Beyoncé entiende la alfombra roja como plataforma conceptual, donde cada elección dialoga con el momento cultural.
Su regreso plantea una pregunta implícita: ¿volverá a explorar la tensión entre artesanía y tecnología, o marcará un giro radical en su narrativa estética?
Si algo dejó claro aquella noche de Manus x Machina es que Beyoncé no llega a la Met Gala para acompañar el tema. Llega para interpretar.