Hay piezas que no buscan imponerse por tamaño, sino por ritmo. En la colección L’Heure du Diamant de Chopard, la luz no se limita a brillar: circula. Se desplaza sobre el oro ético de 18 quilates, se fragmenta en zafiros rosas talla pera y se multiplica en diamantes talla brillante, creando una sensación de movimiento continuo.
La inspiración remite al ballet, pero no como referencia literal. Pendientes y collar se construyen a partir de motivos superpuestos que recuerdan capas de tul en pleno giro. La composición evoca un pas de deux: dos formas que se encuentran, se rozan y vuelven a separarse. El resultado es ligero, casi aéreo, aunque técnicamente complejo. Cada piedra está colocada para que la luz atraviese sin interferencias y dibuje una coreografía discreta sobre la piel.
Ese diálogo entre técnica y gesto encuentra un contrapunto en el reloj-joya de 30 mm en oro blanco ético. El bisel, engastado con 4,65 quilates de diamantes mediante la técnica corona —un sistema de garras en V que reduce la presencia metálica— permite que cada piedra respire y maximice su brillo. La esfera de nácar perlado suaviza el conjunto, aportando una luminosidad lechosa que equilibra la intensidad del engaste.
En el interior, el movimiento mecánico de carga manual 10.01-C confirma que la pieza no es solo ornamento. Con 45 horas de reserva de marcha y un diámetro de apenas 15,7 mm, es uno de los calibres manuales más compactos del mercado. Aquí la precisión relojera convive con la sensibilidad joyera sin que una opaque a la otra.
La propuesta se amplía en Alta Joyería con un conjunto de rubíes talla corazón que supera los 110 quilates en el collar, acompañado por un anillo Tú y Yo que enlaza un rubí y un diamante, ambos tallados en forma de corazón. El rojo intenso no se presenta como dramatismo, sino como pulso: una vibración cromática que dialoga con la transparencia de los diamantes.
Más que una suma de piezas, la colección articula un mismo principio: el lujo entendido como equilibrio entre materia, técnica y emoción. Oro ético, engastes diseñados para liberar la luz, movimientos desarrollados internamente y piedras seleccionadas con rigor construyen una propuesta coherente.
En L’Heure du Diamant, el tiempo no se mide únicamente en horas y minutos. Se mide en destellos.