La ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán Cortina 2026 marcó uno de los momentos visuales más comentados para la delegación mexicana. El uniforme oficial, desarrollado por Charly, no solo respondió a exigencias técnicas propias del clima alpino, sino que introdujo un discurso visual centrado en identidad, geometría y herencia cultural reinterpretada desde el diseño contemporáneo.
El elemento más distintivo del uniforme de apertura es la chamarra técnica, construida a partir de paneles geométricos inspirados en grecas mesoamericanas. Estos patrones no funcionan como un simple accesorio decorativo, sino como propuesta de estructura visual con líneas que sugieren continuidad, ritmo y equilibrio, conceptos que dialogan tanto con el deporte como con la narrativa del país que representan. La paleta cromática retoma el verde, blanco y rojo de forma fragmentada y distribuida, evitando una lectura literal de la bandera y apostando por una identidad más sofisticada y contemporánea.
Grecas geométricas de raíz prehispánica
Las figuras escalonadas y repetitivas remiten a las grecas mesoamericanas, especialmente asociadas a culturas como la zapoteca y la mixteca. Históricamente, estas formas simbolizan continuidad, movimiento y equilibrio. En el contexto del patinaje artístico, el guiño es claro: fluidez, ritmo y precisión corporal.
Patrones textiles reinterpretados
Las franjas horizontales evocan tejidos tradicionales mexicanos, pero están reinterpretadas en clave contemporánea, sin caer en lo literal o folclórico. Es una traducción gráfica del telar al diseño técnico de una chamarra de alto rendimiento, pensada para clima extremo.
Desde el punto de vista técnico, la prenda combina materiales térmicos de alto aislamiento con cortes pensados para movilidad y ligereza. El diseño privilegia la funcionalidad sin sacrificar intención estética, una ecuación compleja en el contexto de los Juegos de Invierno, donde la indumentaria suele inclinarse hacia soluciones puramente utilitarias.