La sastrería siempre ha sido uno de los lenguajes más reconocibles de Calvin Klein. En la más reciente edición de la Semana de la Moda de Nueva York, la casa volvió a ese territorio, pero con un ajuste estratégico: eliminar las mangas para redefinir la estructura.
La colección presentó una serie de chalecos largos, blazers sin mangas y tops de corte sastre que colocan el foco en los hombros y el torso. La ausencia de mangas no suaviza la prenda; al contrario, enfatiza la construcción. Las líneas son rectas, los cortes precisos y la silueta se mantiene limpia.
Uno de los looks clave fue un vestido columna en tono marfil, de escote alto y caída fluida, que dialoga con la tradición minimalista de la firma. Sin embargo, el gesto contemporáneo aparece en los conjuntos negros: chalecos entallados con botonadura frontal y pantalones de pierna recta que alargan la figura. La prenda se ajusta al cuerpo sin rigidez excesiva, logrando un equilibrio entre estructura y movimiento.
También destacó una versión en gris de inspiración utilitaria, con botones alineados y cinturón sutil que define la cintura. La pieza propone una lectura híbrida entre camisa estructurada y chaleco formal, reforzando la idea de que la sastrería ya no necesita capas tradicionales para funcionar.
En la propuesta masculina, el lenguaje se mantiene coherente. Chalecos negros de líneas rectas, combinados con pantalones de corte impecable y accesorios mínimos, confirman que la sastrería sin mangas no es exclusiva del guardarropa femenino. La simetría y la limpieza visual sostienen la narrativa.
La paleta cromática —negro, gris, beige y marfil— subraya la intención depurada. No hay estampados ni ornamentos que distraigan del corte. La técnica está a la vista: hombros definidos, costuras invisibles, proporciones calculadas. Es una revisión que se aleja del traje tradicional con blazer completo y apuesta por una silueta más ligera, pensada para superposición o uso individual.
Esta dirección conecta con una tendencia más amplia en la moda contemporánea: la descomposición del traje clásico. Al eliminar elementos convencionales, las marcas exploran nuevas proporciones sin abandonar la precisión sastre. El resultado es una pieza que conserva autoridad, pero gana versatilidad.
En Nueva York, Calvin Klein no presentó una ruptura radical, sino una recalibración. La sastrería sin mangas emerge como alternativa sólida para quienes buscan estructura sin rigidez y formalidad sin exceso. Un ajuste sutil que reconfigura el traje desde su construcción esencial.