Bad Bunny en el Super Bowl

La presencia de Bad Bunny en el Super Bowl marcó un punto de inflexión cultural: música latina, visibilidad global y una nueva narrativa en uno de los escenarios más vistos del mundo

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Bad Bunny en el Super Bowl

Ishika Samant/Getty Images

El Super Bowl es, desde hace años, mucho más que un evento deportivo. Es un termómetro cultural, un escaparate simbólico donde se define quiénes ocupan el centro de la conversación global. En ese contexto, la presencia de Bad Bunny en el Super Bowl marcó un punto de inflexión difícil de ignorar, no por la espectacularidad gratuita, sino por lo que representó a nivel cultural, identitario y generacional.

La aparición de Bad Bunny en uno de los escenarios más vistos del mundo confirmó algo que ya era evidente fuera de Estados Unidos, la cultura latina dejó de ser un “fenómeno emergente” para convertirse en una fuerza central del entretenimiento global. Su lenguaje, su estética y su narrativa no se adaptaron para encajar; llegaron completas, sin traducciones ni concesiones.

Más allá del performance, el Super Bowl se transformó esa noche en un punto de encuentro para figuras del entretenimiento, la música, el cine y la cultura pop que han sido parte —directa o indirectamente— del mismo cambio de paradigma. Celebridades vistas en el estadio, en zonas VIP y en espacios cercanos al evento reforzaron la idea de que el momento no giraba únicamente en torno al fútbol americano, sino a una conversación cultural más amplia. Quién lidera hoy la narrativa global y desde dónde se hace.

La estética que rodeó a Bad Bunny durante el Super Bowl fue coherente con su trayectoria donde una mezcla de contundencia visual, referencias caribeñas y una actitud que evita la complacencia. No hubo intención de suavizar el mensaje ni de hacerlo “más universal”. La universalidad vino precisamente de lo contrario, de mostrarse específico, local y auténtico frente a una audiencia masiva.

El interés de celebridades de distintas disciplinas en ese momento no fue casual. El Super Bowl funciona como una plataforma de validación cultural, y la atención que generó Bad Bunny evidenció cómo la música latina, el español y las narrativas del sur global hoy influyen directamente en la industria del entretenimiento. No se trató de un gesto simbólico, sino de una confirmación del lugar que ya ocupa.

También fue un momento clave para la moda, el lenguaje corporal y la forma en que se construye presencia en eventos de alto perfil. El Super Bowl dejó de ser un espacio donde las celebridades solo asisten para convertirse en un escenario donde posicionarse culturalmente importa. Estar ahí, en ese contexto específico, significó alinearse con una conversación contemporánea sobre identidad, poder cultural y visibilidad.

Bad Bunny no necesitó explicarse. Su presencia bastó para condensar años de transformación cultural en pocos minutos de atención global. El Super Bowl, históricamente asociado a una narrativa muy específica de la cultura estadounidense, se abrió a un lenguaje distinto, más plural y menos predecible.

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