La conversación alrededor de Ozempic ha dejado de ser exclusivamente médica para instalarse en el terreno del cuerpo, la estética y el rendimiento. En medio de su popularidad como herramienta para la pérdida de peso, surge una duda concreta: qué pasa con el músculo cuando el apetito disminuye de forma sostenida y el cuerpo entra en un déficit calórico casi automático.
Ozempic (semaglutida) es un fármaco indicado para el tratamiento de la diabetes tipo 2 que actúa imitando la hormona GLP-1, encargada de regular el apetito y la respuesta a la glucosa. Uno de sus efectos más visibles es la reducción significativa del hambre, lo que lleva a una ingesta calórica menor. Este punto es clave, porque ganar masa muscular depende, entre otros factores, de contar con suficiente energía disponible.
En términos fisiológicos, el crecimiento muscular requiere tres elementos básicos: estímulo (entrenamiento de fuerza), proteína suficiente y un entorno energético que permita la síntesis muscular. Cuando el cuerpo está en déficit calórico prolongado —como suele ocurrir en personas que usan Ozempic para bajar de peso—, la prioridad biológica cambia. El organismo no está enfocado en construir tejido nuevo, sino en conservar energía.
Esto no significa que entrenar sea inútil. De hecho, el entrenamiento de fuerza se vuelve aún más relevante. Diversos estudios sobre pérdida de peso han mostrado que, sin estímulo muscular, una parte significativa del peso que se pierde proviene de masa magra, no solo de grasa. En ese sentido, levantar pesas mientras se utiliza un agonista de GLP-1 puede ayudar a preservar músculo, pero no necesariamente a aumentarlo de forma notable.
Hay otro factor que complica el panorama: la ingesta de proteína. Al disminuir el apetito, muchas personas comen menos en general, incluyendo proteínas. Si este consumo no se ajusta de manera consciente, el cuerpo no tiene los aminoácidos necesarios para reparar y construir músculo después del entrenamiento. Es un detalle que suele pasarse por alto, pero que marca la diferencia en los resultados.
También entra en juego la percepción de energía. Algunas personas reportan fatiga o menor rendimiento en entrenamientos intensos durante las primeras semanas de uso. Esto puede traducirse en sesiones menos exigentes, menor progresión en cargas y, por lo tanto, menor estímulo para el crecimiento muscular.
Entonces, ¿se puede ganar músculo usando Ozempic? En términos estrictos, sí es posible, pero no es el escenario más favorable. Es más realista pensar en mantenimiento o en ganancias muy graduales, especialmente si se es principiante o se retoma el entrenamiento después de una pausa. Para quienes ya tienen experiencia entrenando, el margen de crecimiento suele ser más limitado bajo estas condiciones.
La conversación, en el fondo, no es solo fisiológica, sino también cultural. El auge de Ozempic ha puesto sobre la mesa una tensión clara: la búsqueda de un cuerpo más delgado frente al deseo de un cuerpo fuerte. Dos objetivos que no siempre se alinean y que requieren estrategias distintas.
Entender esto permite tomar decisiones más informadas. Porque más allá de tendencias o soluciones rápidas, el cuerpo sigue respondiendo a principios básicos: estímulo, nutrición y tiempo. Incluso cuando la ciencia interviene, esas reglas no desaparecen.