Por: María José Guzmán / Fotos: Cortesía de Audemars Piguet
Para Serena Williams, acostumbrada durante décadas a vivir pendiente de segundos, calendarios, entrenamientos y partidos, un reloj puede ser tanto un instrumento para medir el tiempo como una base para contar historias. Sobre todo cuando ese timepiece lleva su nombre y condensa algo de la mujer que existe más allá de la campeona.
Después de más de una década de relación, Serena Williams y Audemars Piguet escriben un nuevo capítulo de su historia conjunta con el Royal Oak Selfwinding Chronograph “Serena Williams” Limited Edition, una creación de 38 mm desarrollada en colaboración con la deportista, empresaria y productora estadounidense.
Realizado en cerámica blanca y coronado por una esfera de nácar rosa, el reloj juega deliberadamente con los contrastes: resistencia y delicadeza, potencia y feminidad, precisión y emoción. En su interior late el Calibre 6401, el nuevo movimiento cronógrafo integrado de la manufactura.
Un reloj que refleja las distintas facetas de Serena Williams
La elección de los materiales resulta esencial para entender el concepto. La dureza de la cerámica blanca se encuentra con la iridiscencia del nácar rosa, concebido como símbolo de energía femenina, intuición y fortaleza interior.
El acabado alterna superficies satinadas y biseladas a mano, mientras que agujas luminiscentes de oro blanco, índices aplicados y detalles rodiados completan la composición. No parece casual que un reloj concebido junto a Williams encuentre su identidad precisamente en la convivencia de aparentes opuestos.
“Quería que reflejara la complejidad no sólo de las mujeres, sino de todos nosotros”, explica Serena. “Durante mucho tiempo se quiso que las mujeres encajaran dentro de una categoría, pero yo quería crear algo que pudiera ser diferente y audaz, tanto para hombres como para mujeres. Quería que fuera poderoso y, al mismo tiempo, elegante; fuerte, pero femenino; muy ambicioso, pero también amable”, revela.
Esa dualidad atraviesa también su propia historia. Williams reconoce en la cerámica “resiliencia y confianza”, mientras que el nácar rosa introduce “calidez y suavidad”. Juntos, dice, cuentan una historia mucho más completa: la de comprender que, especialmente como mujeres, “nunca tenemos que elegir una parte de nosotras mismas sobre otra”.
Serena Williams: campeona, empresaria, productora y madre
Es una idea particularmente poderosa en alguien cuya vida pública ha estado definida por distintas identidades. Campeona, empresaria, productora, madre: preguntarle cuál de todas esas versiones la ha sorprendido más parece casi obligarla a elegir entre partes que, para ella, son inseparables.
“Cada versión es diferente. La empresaria, la atleta, la madre... todas me representan. Todas me han desafiado, todas me han impulsado y todas se han convertido en una parte muy importante de mi vida. Creo que simplemente trabajan juntas”.
También existe otra dimensión detrás del lanzamiento: el tiempo nunca se construye en solitario. En el caso de Serena, mirar hacia atrás significa reconocer a quienes estuvieron antes de los trofeos y permanecieron después de ellos.
“Nadie se convierte en quien es estando solo. Mis padres nos dieron a Venus y a mí una base increíble. Nos enseñaron disciplina, confianza y el valor de soñar más allá de nuestras circunstancias”.
Su hermana Venus ocupa un lugar igualmente decisivo: “Me ha desafiado muchísimo, me ha inspirado y creyó en mí mucho antes que nadie. No fue solamente mi mayor rival; también ha sido una de mis grandes maestras”.
La maternidad cambió su relación con el tiempo
Hoy son sus hijas quienes han transformado nuevamente su manera de entender el éxito. Y, con ello, su relación con el tiempo.
Durante sus años de competencia, recuerda, cada minuto tenía un propósito: entrenamiento, comida, recuperación. Todo estaba programado.
“Pero a mis hijas realmente no les importa qué tan productivo fue mi día. Les importa que haya estado realmente ahí”.
La maternidad le enseñó entonces una nueva medida: “Me di cuenta de que el tiempo no es solamente algo que administras, sino algo que experimentas”. También aprendió a poner límites a todo aquello que reclama ese tiempo.
La capacidad de Serena Williams para comenzar de nuevo
En una carrera construida sobre triunfos extraordinarios, también han existido lesiones, cirugías, regresos y despedidas. Para Williams, cada nuevo comienzo ha implicado abandonar una versión de sí misma que los demás ya conocían.
Volver a Wimbledon, recuperarse físicamente, convertirse en madre, construir un negocio, alejarse del tenis o regresar a él forman parte de esa misma capacidad de transformación.
Su brújula es una pregunta sencilla: “¿Qué harías si no tuvieras miedo?”. La respuesta le ha enseñado que el valor también consiste en “no tener miedo de hacer aquello que no es popular”.
La moda como otra forma de contar historias
La moda ha funcionado de manera semejante. Mucho antes de convertirse en un referente fuera de la cancha, Serena comprendió que la ropa podía hablar antes que ella.
“La moda siempre ha sido otra forma de contar historias para mí. Antes de hablar en conferencias de prensa, la gente se fijaba más en lo que llevaba en la cancha que en lo que decía”.
Vestirse se convirtió así en una expresión de personalidad, confianza, creatividad e individualidad.
“Nunca he creído que el estilo consista en seguir todas las tendencias. Creo que éste simplemente refleja quién eres por dentro”.
Así es el Royal Oak Selfwinding Chronograph “Serena Williams”
Quizá por eso este Royal Oak Selfwinding Chronograph termina hablando de algo más íntimo que la relojería. Producido en una edición limitada de 500 piezas, combina su brazalete integrado de cerámica blanca con una correa adicional de caucho rosa y está equipado con el Calibre 6401, con 55 horas de reserva de marcha.
El movimiento cronógrafo integrado de cuerda automática fue desarrollado íntegramente por Audemars Piguet y cuenta con rueda de pilares y embrague vertical patentado.
Pero su significado más personal podría revelarse muchos años después, cuando llegue a las muñecas de sus hijas. Serena espera que, al llevarlo, ellas no piensen primero en su madre. Quiere que piensen en sí mismas.
“Espero que les recuerde que sus vidas les pertenecen. Que pueden ser aguerridas, compasivas, fuertes, sensibles y tener la confianza suficiente para crear su propio camino en lugar de seguir el de alguien más”.
Y, sobre todo, que vivan con autenticidad. Entonces el reloj habrá cumplido una función que ningún cronógrafo puede registrar: significar mucho más que simplemente dar la hora.