En pleno paisaje urbano, frente a la boutique de Gucci en Nueva York, Emily Ratajkowski apareció con un estilismo que redefine el calendario cromático. Mientras muchas tendencias comienzan a aligerarse con la llegada de la primavera, ella apostó por un tono históricamente asociado al frío: el burgundy. El resultado no se sintió invernal, sino estratégico.
El rojo profundo —vino, cereza oscuro, oxblood— ha sido protagonista constante durante el otoño e invierno recientes, sin embargo, su permanencia más allá de la temporada responde a algo más estructural que estacional. En el look de Emily Ratajkowski, el contraste entre un abrigo largo de cuero negro, un bolso Gucci Gligio y unas botas altas en burgundy efecto piel exótica convierte el color en eje visual sin sobrecargar la silueta.
El burgundy como nuevo neutro sofisticado
En la transición hacia primavera 2026, el burgundy comienza a operar como alternativa al negro y al café. No compite con tonos suaves, sino que los potencia. En lugar de limitarse a total looks oscuros, aparece combinado con prendas más ligeras, tejidos fluidos y estructuras menos densas.
Las botas de Emily Ratajkowski, de punta afilada y tacón estilizado, refuerzan esta lectura. No son botas robustas ni utilitarias; su diseño es preciso, casi arquitectónico. Esa elección estiliza el conjunto y permite que el color funcione como acento refinado en lugar de elemento pesado.
Transición de temporada: cómo llevar el burgundy en primavera
El éxito del burgundy radica en su versatilidad. En primavera puede integrarse de distintas maneras:
- En accesorios clave: botas, bolsos o cinturones que contrasten con tonos claros.
- En prendas estructuradas combinadas con tejidos livianos.
- En monocromías matizadas donde distintos rojos profundos dialoguen entre sí.
A diferencia del rojo brillante, que proyecta energía directa, el burgundy comunica profundidad y sofisticación. Es un color que aporta carácter sin necesidad de estridencia.
Street style y coherencia estética
Emily Ratajkowski ha consolidado una narrativa de estilo donde la sensualidad convive con piezas estructuradas. El abrigo largo de cuero define la silueta, mientras el detalle de textura en el cuello añade dimensión. En ese contexto, las botas burgundy no son un gesto aislado; son la pieza que rompe la uniformidad negra con intención calculada.
Más que una simple elección cromática, el burgundy en primavera habla de continuidad. La moda ya no se mueve en cortes abruptos entre estaciones, sino en gradaciones. Los tonos profundos no desaparecen con el aumento de temperatura; se reinterpretan.
La imagen frente a Gucci confirma una idea que ya se percibía en pasarela y street style: el rojo profundo no se despide al terminar el invierno. Se transforma en el color de transición que acompaña la llegada de la primavera 2026 con equilibrio y presencia.