Las primeras pistas sobre una película no siempre llegan desde el guion. A veces aparecen antes, en forma de vestuario, de gesto o —como en este caso— de joya. Para presentar Cumbres borrascosas, Margot Robbie eligió una pieza que concentra siglos de historia y una idea muy concreta del amor: el legendario collar Taj Mahal que perteneció a Elizabeth Taylor. No fue una elección banal, sino narrativa.
La nueva adaptación dirigida por Emerald Fennell parte de la novela de Emily Brontë, un relato donde el deseo no se presenta como consuelo, sino como fuerza desestabilizadora. Margot Robbie parece haber entendido que Cathy no se construye desde la dulzura ni la nostalgia, y trasladó esa lectura a la alfombra roja con una coherencia poco habitual en las giras de prensa.
Para el estreno en Los Ángeles, la actriz apostó por alta costura de Schiaparelli, en una versión personalizada inspirada en la colección primavera–verano 2026. El vestido abandonó el efecto óptico del original para centrarse en una silueta más simbólica: encaje, transparencias medidas y una paleta dominada por el negro profundo y el rojo escarlata. Un look que no suaviza, sino que tensiona y maximiza el momento.
El centro emocional del estilismo fue el collar. El diamante Taj Mahal, tallado en forma de corazón y montado en jade, fue un regalo de Richard Burton a Elizabeth Taylor con motivo de su cumpleaños 40. Pero su historia es mucho más antigua y compleja. La joya perteneció primero a Nur Jahan y después a Mumtaz Mahal, cuya muerte llevó al emperador Shah Jahan a construir el Taj Mahal como memorial. El nombre del diamante nace de ese duelo que marcó la historia moderna.
La inscripción en parsi que acompaña al colgante —“El amor es eterno”— adquiere aquí una lectura menos complaciente. La pieza pasó posteriormente a manos de Cartier, que sustituyó el cordón de seda original por una cadena de oro, rubíes y diamantes. En 1972, Richard Burton la compró en secreto para Elizabeth Taylor, consolidando uno de los romances más intensos y expuestos del Hollywood clásico. En 2011, el collar se subastó por 8.8 millones de dólares, convirtiéndose en una de las joyas indias más valiosas jamás vendidas.
Que ahora Margot Robbie recupere esta pieza para introducir Cumbres borrascosas no responde a una moda pasajera ni a un simple homenaje al pasado del cine. Funciona como spoiler de la cinta, esta historia no propone un amor reparador, sino uno que arrastra, consume y deja huella. El collar actúa como advertencia visual antes de que la película se estrene.
El conjunto se completó con pendientes de diamantes creados a medida por Lorraine Schwartz y un anillo del siglo XIX de Fred Leighton, reforzando la sensación de herencia emocional y peso histórico.
Un total acierto de Margot Robbie que eligió contar una historia larga a través de su elección. El Taj Mahal no acompaña a Cumbres borrascosas, sino que la contextualiza y deja claro, desde el primer gesto, que esta versión no viene a ser cómoda.