Fotografías de Enrique Badulescu
Marina Testino no es una activista medioambiental promedio. Creció rodeada de moda y arte, lo que le dio la certeza de querer ser parte de la industria. Estudió mercadotecnia en moda en Parsons e hizo sus prácticas en Vogue Francia. Fue modelo para Chanel, Gucci y Ralph Lauren. Fundó una línea de ropa producida en Perú, donde entendió lo que significa reutilizar materiales. Al notar las áreas de oportunidad de la industria en materia de sustentabilidad, se ha dado a la tarea de cambiar la percepción colectiva de lo que significa consumir moda con consciencia, en una era de fatiga emocional, social y ecológica. ¿Sus herramientas? Lo que todos consumimos sin parar: imágenes con impacto. “Mi propósito es elevar la conversación sobre moda sostenible de forma propositiva y viable. Una propuesta que presente posibilidades de solución”, dice al iniciar la plática.
Ella lo hace desde varios frentes: como directora de alianzas estratégicas en Earth Partner –la división de sustentabilidad de Art Partner, una de las agencias creativas con más influencia en el mundo de la moda–; como directora creativa de Point of View, agencia especializada en comunicación y asesoramiento medioambiental cuyos clientes incluyen a Chanel, Coach y Carolina Herrera; y como editora de la revista Beyond Noise. Sus colaboraciones van desde Stella McCartney y Gucci hasta Greenpeace y Naciones Unidas, a través de campañas, exposiciones y experimentos visuales con un objetivo en común: hacernos repensar no solo cómo nos vestimos, sino qué nos importa de verdad.
Uno de esos ejercicios es re:FRAME, la serie fotográfica que creó junto con Enrique Badulescu –el legendario fotógrafo mexicano radicado en Nueva York desde hace más de treinta años– inspirada en la crisis de desperdicio textil. “Enrique tiene un ojo clínico para el color, la luz y la moda elevada, y sabe cómo hablarle al público al que queremos llegar”, explica Testino. Esta muestra marca la primera exposición de Enrique Badulescu en México, así como la primera colaboración de Marina Testino con Leica Camera Ciudad de México.
El detonador fue el desierto de Atacama, en Chile, donde cada año se vierten más de 39,000 toneladas de ropa desechada (muchas de ellas prendas nuevas, sin estrenar). “La montaña de ropa es tan grande que se puede ver desde el espacio. Lo más alarmante es que nadie hablaba del tema”, dice Testino desde una sala privada en la tienda galería Leica de la Ciudad de México. “Es un símbolo inquietante de la desconexión de la moda: belleza sin responsabilidad, abundancia sin intención.” Badulescu agrega que la idea original era fotografiar en el desierto, “pero es complicado llegar. Más de quince horas de vuelo y ya habían empezado a quemar la ropa, que es súper ilegal. Fue cuando decidimos hacer otra historia”.
Badulescu pensó en imágenes tan directas que no cupiera duda sobre el mensaje. “Criticar es muy fácil. La complejidad está en elevar la conversación con elegancia y transmitir el sentido de urgencia a través de imágenes que también sean estéticamente impactantes”, explica Badulescu. Cada fotografía debía ser didáctica: comunicar la urgencia del problema e invitar a replantear las acciones individuales. Para Testino, si alguien sale pensando “tal vez no debería pedir tanto por mensajería”, el objetivo está cumplido en la búsqueda de soluciones circulares.
Según el Programa de la ONU para el Medio Ambiente, la industria de la moda es responsable del 8% de las emisiones globales de carbono y es la segunda mayor consumidora de agua a nivel mundial. El proceso de teñido, los químicos utilizados y la producción de fast fashion generan toneladas de residuos que terminan en vertederos o en el océano, lo que hace urgente no solo crear consciencia, sino actuar.
En la serie –primera colaboración de Marina con Leica– la vemos en escenas que desafían al espectador: usando un vestido hecho de botellas de PET o rodeada de decenas de cajas de cartón. Lo hace sin juzgar. Testino quiere llegar a quienes todavía no han abrazado por completo un estilo de vida más amable con el planeta. “Hay grandes activistas hablando a un público muy cerrado que ya entendió el mensaje. Yo quiero otra cosa: hablarles a quienes no lo entienden aún, a quienes se sienten presionadxs o juzgadxs por sus acciones diarias y piensan que, como no pueden ser 100% ecológicxs, mejor no cambian nada”, explica. “Quería transmitir que podemos hacer modificaciones cotidianas al alcance de cualquiera. Que el estilo no tiene nada que ver con repetir ropa o llevar el color de la temporada.”
Entre esas modificaciones está perderle el miedo a repetir outfits –Marina lo exploró con su reto personal One Dress to Impress, cuando usó el mismo vestido rojo en todos sus eventos durante dos meses– e intercambiar prendas con otras personas. “Se trata de cambiar el chip y la narrativa de cómo comunicas las formas posibles de sustentabilidad. Que haya creatividad. Lo primero fue cambiar mi mindset y luego compartir mi experiencia para que eso impacte”.
Para Enrique, este estilo de vida es natural: lleva años practicándolo. Su “uniforme” –como él lo llama– es una camisa y jeans. “Tengo cuatro jeans, cinco camisas blancas y una azul. Es todo lo que uso.” Con su hija, confiesa, no es tan sencillo: “Vivimos en Nueva York y hay demasiadas tiendas. Todo le atrae. Pero yo insisto para crearle consciencia. Lo van a entender.”
“Las generaciones más jóvenes empiezan a cambiar las tendencias de consumo. Entienden las consecuencias de sus acciones”, agrega Marina. Antes de despedirse, comparte algunas marcas de reventa que usa: The RealReal, Vestaire Collective, Depop. “Empresas donde puedes revender lo tuyo y comprar lo de otros. Extender la vida de prendas que están en perfecto estado.”
Para Badulescu, el fondo del problema es educativo. “Debemos reorientar la percepción del consumidor para que compre desde otra perspectiva. La marca vende porque alguien compra. Pero los gobiernos también tendrían que implementar leyes que impulsen ese cambio: en el momento en que te pongan un impuesto por producir, las fábricas lo pensarán dos veces. Es un esfuerzo conjunto de legislación y consciencia.”
Marina sugiere un ejercicio simple antes de cualquier compra: contestar tres preguntas. ¿Lo voy a usar más de 30 veces? ¿De dónde viene? ¿Tengo algo parecido? “Es encontrar por qué compras, si por necesidad o por impulso. Y pensar: si esta camiseta cuesta diez dólares, ¿cuánto crees que le pagaron a quien la hizo? Detenerte a pensar hace el cambio”.