Hoy no me puedo levantar, 20 años después

Dos décadas después del estreno de Hoy no me puedo levantar en México, Alan Estrada, Fernanda Castillo y Luis Gerardo Méndez regresan al escenario —y a quienes eran entonces— para celebrar el musical que transformó sus vidas y marcó a toda una generación

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Hoy no me puedo levantar, 20 años después

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Hace 20 años, una generación encontró en un escenario algo más que un musical. Hoy no me puedo levantar irrumpió en la conversación cultural mexicana como un fenómeno improbable. Un grupo de jóvenes actores —muchos de ellos prácticamente desconocidos— contando una historia de amistad, deseo, excesos y sueños rotos al ritmo de las canciones de Mecano. Lo que parecía un experimento teatral se convirtió rápidamente en un ritual colectivo. Había filas interminables, funciones agotadas y espectadores que regresaban una y otra vez, buscando revivir algo difícil de nombrar: la intensidad de una juventud que todavía creía que el mundo podía conquistarse.

Dos décadas después, el elenco original vuelve al lugar donde todo comenzó para celebrar no sólo el legado de una obra que redefinió el teatro musical en México, sino también el paso del tiempo. Porque si algo dejó HNMPL fue una memoria compartida, aquella de quienes estuvieron bajo las luces del escenario y la de quienes encontraron en esas canciones un espejo de sus propias historias.

El próximo 25 de julio, el hoy Centro Cultural Teatro 1 de la Ciudad de México abrirá nuevamente sus puertas para una serie de funciones especiales —diez en total, culminando simbólicamente el 7 de septiembre— que no buscan replicar el pasado, sino celebrarlo. No será la obra original, sino un espectáculo creado desde la memoria, el afecto y la gratitud.

En conversación con Alan Estrada, Fernanda Castillo y Luis Gerardo Méndez, tres de las voces centrales de aquella historia, exploramos no sólo el fenómeno que marcó una generación, sino también las personas que eran entonces y quienes son hoy: artistas que, 20 años después, regresan no para repetir el camino, sino para entender todo lo que sobrevivió a él.

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Hoy no me puedo levantar, 20 años después

Alan Estrada: Volver a donde todo empezó…con el ímpetu de Mario

Para Alan Estrada, Hoy no me puedo levantar nunca fue únicamente un musical. Fue una juventud compartida, un pacto silencioso entre un grupo de actores que, hace dos décadas, se miraban a los ojos deseándose suerte sin imaginar del todo el alcance de sus futuros. Hoy, el reencuentro ocurre desde otro lugar. Uno menos incierto y más generoso.

Alan regresa no a un personaje, sino a un instante suspendido en la memoria, en donde los sueños aún eran promesas y la música parecía capaz de sostenerlo todo.

“Hace 20 años nos veía a los ojos a Fer, a Huicho y a todo el elenco y yo decía: ‘Ojalá cumplan todos sus sueños’. Y hoy los veo y digo: ‘Qué increíble que los cumplimos’”, dice Alan, con una mezcla extraña —y conmovedora— de nostalgia y gratitud.

Cuando el elenco original del fenómeno teatral se vuelva a reunir, el próximo 25 de julio de 2026, en el mismo recinto donde todo comenzó —el Centro Cultural Teatro 1— para celebrar dos décadas de una obra que redefinió el teatro musical en México, el momento será épico. No será, sin embargo, un remontaje convencional. Y Alan lo deja claro desde el principio: no volverán a interpretar a aquellos veinteañeros que perseguían sueños imposibles al ritmo de Mecano. “Sería ridículo de nuestra parte volver a ser los adolescentes de entonces”, admite entre risas.

Lo que veremos será otra cosa: un espectáculo concebido por el propio Estrada, quien además dirige esta nueva producción. Más que una reposición, se trata de un recorrido emocional construido a través de canciones, memorias, archivos inéditos y videos que reconstruyen el universo sentimental de HNMPL. Habrá nostalgia, sí, pero también una voluntad clara de mirar hacia adelante. “No queremos aprovechar la nostalgia —explica—, sino generar nuevos recuerdos”. Quizá esa sea la verdadera diferencia entre recordar y quedarse atrapado en el pasado, la posibilidad de resignificarlo.

A Alan le interesa menos volver a ponerse en los zapatos de Mario —el personaje que interpretó originalmente— y más reencontrarse con aquello que la música todavía despierta. Porque si algo ha cambiado en 20 años, admite, es la exigencia. Donde antes había desparpajo, hoy existe una precisión casi feroz. Una conciencia distinta del escenario y de lo efímero. “Ahora somos mucho más perfeccionistas”, reconoce. Pero también hay un deseo nuevo y ese es el de disfrutar.

Después de años de trabajo constante, viajes, teatro, televisión y el fenómeno global de Alan x el Mundo, Estrada parece observar esta etapa con la serenidad de quien entiende que las carreras artísticas no son lineales. “Hay una parte de Mario que siempre se quedó en mí y este personaje me dejó precisamente esa enseñanza: la de resistir los altibajos y recordar el poder inmenso de la música para acompañar pérdidas, celebraciones y reinicios”.

No sorprende entonces que una de las canciones que más le lleguen siga siendo 7 de septiembre. Para muchos es un himno de Mecano; para él, una fecha íntima. Una especie de contraseña emocional que cada año reaparece en mensajes, recuerdos y conversaciones con sus compañeros. “Para muchas personas ‘El 7 de septiembre’ es Mecano. Para mí, esa canción es Hoy no me puedo levantar”.

La celebración —que tendrá sólo diez funciones en fines de semana seleccionados y concluirá precisamente el 7 de septiembre— parece construida bajo una premisa sencilla y profundamente humana: volver no para repetir, sino para agradecer.

“En esta celebración hay agradecimiento, nostalgia, espectacularidad, –porque vamos a tirar la casa por la ventana–. Pero sobre todo mucho amor. De nosotros hacia los fans de Hoy no me puedo levantar. Los tenemos muy presentes porque han estado ahí siempre. Nunca se fueron. Se quedaron. Este show es por y para ellos”. Y acaso ahí reside la verdadera magia. No en regresar a quiénes éramos, sino en mirar todo lo que sobrevivió en el camino.

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Hoy no me puedo levantar, 20 años después

Fernanda Castillo: Celebrar la perfecta imperfección de María

Hay personajes que –cuando cae el telón– permanecen, cambian de forma y se transforman junto con quien los interpreta. A veces, se convierten en una brújula silenciosa para entender quién se es. Para Fernanda Castillo, María —la protagonista de Hoy no me puedo levantar— ha sido precisamente eso: una mujer en constante movimiento, imperfecta, fuerte, contradictoria y profundamente humana.

“María fue cambiando en mí como cambia uno como persona a lo largo del tiempo”, dice Fernanda. Lo afirma con la serenidad de quien ya aprendió a mirar el pasado con perspectiva.

Cuando el musical irrumpió en México hace dos décadas, ella, junto con Alan Estrada y Luis Gerardo Méndez, formaba parte de una generación de actores jóvenes que intentaba abrirse paso en una industria incierta. Ninguno imaginaba que aquella historia impulsada por la música de Mecano se convertiría en un fenómeno cultural capaz de redefinir el teatro musical en el país.

“Éramos gente joven desconocida que venía a probar que nos merecíamos estar en este lugar”, recuerda. Había hambre, pasión y una entrega incansable. Fernanda habla de funciones sostenidas desde el cansancio, de pies rotos y del deseo casi visceral de no abandonar el escenario. “No me quería bajar”, recuerda haber pensado una y otra vez.

Quizá esa intensidad fue precisamente lo que conectó con el público. Porque HNMPL no sólo ofrecía canciones memorables; hablaba del deseo universal de comerse el mundo y de las heridas inevitables que acompañan el crecimiento.

Para Fernanda, el verdadero corazón de esta celebración, –a 20 años de su estreno en México–, está en el tiempo. “Es una celebración de vida. De quienes fuimos entonces y de quienes logramos convertirnos después. Del público que volvió una y otra vez al teatro, que creció junto a esas canciones, que después llevó a sus hijos a escucharlas y convirtió la música de Mecano en un puente generacional”, afirma.

Si algo dejó María en Fernanda fue la convicción poderosa de que las protagonistas no tienen que ser perfectas. Interpretarla en México, después en Madrid —donde la actriz vivió tres años— y más tarde dirigir el montaje en Barcelona, transformó su manera de comprender a las mujeres dentro de la ficción y fuera de ella. “Ahí se sembró la idea en mí de que una protagonista no tenía que ser perfecta”, reflexiona. “Imperfecta, sí. Vulnerable también. Pero digna de ocupar el centro de la historia”, asegura.

Con el paso del tiempo, hay canciones de este musical que aún le remueven algo íntimo. “Hijo de la luna” era el instante donde yo lograba conectarme profundamente con el público. Y aunque siempre he dicho que yo soy una actriz que canta, no una cantante, con esa canción –que era la única que yo interpretaba sola– generaba una conexión increíble con la audiencia”, revela. “Pero ‘El 7 de septiembre’ ocupa un lugar distinto: ahí estaba María esperando al amor de su vida y, al mismo tiempo, estaba yo mirando a Alan Estrada entrar al escenario. Para mí, Hoy no me puedo levantar es también mi conexión con Alan en el escenario. El gran amor de María y un gran compañero para mí en la vida real”, admite con ternura.

Quizá volver, después de veinte años, consiste justamente en eso: descubrir que la verdadera celebración no está en repetir el pasado, sino en agradecer a la persona que un día soñó con un lugar bajo las luces y, contra todo pronóstico, lo encontró.

“Esta nueva entrega de HNMPL para mí es nostalgia y celebración. Es hacerle honor a esta obra. Es agradecimiento para con el público y para nosotros, los que éramos. Es voltear atrás para darnos un abrazo a nuestros artistas jóvenes que no sabían si la iban a hacer o no en esta industria. Y poderles decir: ‘Mira cómo sí se pudo’. Es unión y trabajo en equipo”.

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Luis Gerardo Méndez: Regresar a Colate para romperse y reconstruirse

Para Luis Gerardo Méndez, Hoy no me puedo levantar fue un salto al vacío y, al mismo tiempo, el suelo firme sobre el que empezó a construir una voz propia. “Siento que me gradué de la escuela con esta obra”, dice. Y no lo dice como metáfora. Cuando llegó al musical, apenas había salido de la escuela de actuación Casa Azul. Venía de un mundo donde los grandes autores parecían el único camino legítimo para un actor serio: Shakespeare, Chéjov, David Mamet. La idea de protagonizar un musical con canciones pop en español no figuraba exactamente dentro del plan. “Traía todas estas ideas que me habían metido en la escuela”, recuerda entre risas. Y, sin embargo, algo insistía desde otro lugar. Una intuición difícil de explicar, una sensación casi física que le decía simplemente: ve.

La audición ocurrió cuando el resto del elenco ya ensayaba y aún no aparecía el actor capaz de sostener a Colate, uno de los personajes emocionalmente más complejos de la historia. Luis Gerardo llegó a prueba. Cantó. Actuó. Y escuchó una sentencia tan aterradora como prometedora: tu actor está perfecto, pero tu voz todavía no. Tuvo dos semanas para entrenar y demostrar que pertenecía ahí. Y pertenecía.

El fenómeno que siguió redefiniría el teatro musical en México. Más de cuatrocientas funciones sold out en un recinto de 2,200 personas, una generación de espectadores que regresaba una y otra vez al teatro y una historia impulsada por la música de Mecano que terminó convirtiéndose en una experiencia colectiva.

Pero para Luis Gerardo, el verdadero impacto fue más íntimo.

Su personaje, Colate, era un joven que dejaba todo para perseguir sus sueños en una gran ciudad. Luis Gerardo también. Originario de Aguascalientes, llevaba apenas unos años intentando abrirse paso en la Ciudad de México. Ambos buscaban un lugar. Ambos querían ser músicos. Ambos estaban en búsqueda de su identidad.

“Fer, Alan y yo todavía estábamos entendiendo quiénes éramos, no sólo como actores, sino como personas”, confiesa. Quizá por eso hablar de Colate todavía le quiebra la voz.

Porque el personaje no era sencillo. Había drogas, pérdida, VIH, deseo, evasión y una búsqueda de identidad que, noche tras noche, obligaba a Luis Gerardo a atravesar emocionalmente zonas incómodas. Hasta el agotamiento.

“A mí esa obra me rompió”, admite. “Cuando dejé el musical, seguí soñándolo durante años: despertaba pensando en canciones –“Perdido en mi habitación” y “Barco a Venus”–, escenas y movimientos. Como si mi cuerpo no hubiera terminado de salir del escenario”, confiesa. “Para mí los siguientes años después de haber dejado la obra, me sirvieron como una especie de descompresión para ir soltando toda esa adrenalina que me dejó interpretar a Colate”. Pero ahora, 20 años después, Luis Gerardo está listo para volver a él. “Pero estoy aterrado de regresar. Lo que me da paz es ver a Alan, a Fer, a Rogelio y a Janet, a mi lado. Me da tranquilidad estar con ellos en esto”.

Pero en esta ocasión el regreso no será con la obra original. Será algo distinto: un homenaje concebido por ellos mismos. Alan dirige el espectáculo; Luis Gerardo, desde su productora Cine Vaquero, desarrolla los visuales de esta nueva puesta en escena. “Es nuestro show”, dice. Y acaso esa frase lo resume todo.

“Nunca voy a olvidar cuando hubo una función en donde me tocó cantar ‘El fallo positivo’ con Ana Torroja. Ella había ido a develar una placa por las doscientas o trescientas representaciones. Estábamos de balcón a balcón cantándonos esa canción, cuando además yo estoy en el viaje de Colate, que acaba de enterarse que tiene VIH, cuando éste era una sentencia de muerte. Son momentos que no se te olvidan”, asegura.

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Hoy no me puedo levantar, 20 años después

Cuando Alan le propuso, hace aproximadamente un año, planear esta celebración de los 20 años de HNMPL, el primer impulso de Luis Gerardo fue decir “No, no sé si quiero”, revela. “A mí me gusta mucho enterrar las cosas. Como actor, creo que todo tiene un tiempo y hay que saber soltar. Pero también siento que esto es muy especial porque fue el inicio de nuestra carrera. Es hacerle un homenaje a eso, a cuando empezamos realmente. Siento que se lo debía a la obra de teatro y a mí mismo. Significa honrar al joven actor que un día llegó aterrado a una audición y terminó encontrando algo más grande que un papel: una tribu. Creo que uno siempre tiene que honrar eso”.

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