Fernanda Castillo y el peso de ser libre

Férula Trueba es el personaje más incómodo de La casa de los espíritus —y el más necesario. Fernanda Castillo habla de cómo lo construyó desde adentro, y de por qué esta historia llega exactamente cuando tiene que llegar

La Casa de los Espíritus (The House of the Spirits)

Fernanda Castillo y el peso de ser libre

Cortesía

Por Déborah Uranga

Hay historias que regresan cuando ya estamos listas para entenderlas mejor. La casa de los espíritus de Isabel Allende es una de ellas. Más de cuatro décadas después de su publicación, la saga encuentra una nueva vida en pantalla, esta vez hablada en español y contada desde dentro. La serie, que estrena el 29 de abril en Prime Video, no busca corregir el pasado, pero sí situar la historia donde siempre perteneció.

En el centro de esta adaptación está Férula Trueba. Incómoda, rígida, silenciosa. Y, precisamente por eso, imposible de ignorar.

Fernanda Castillo la interpreta sin intentar suavizarla. Tampoco la juzga. La observa. La desarma. “No me interesaba replicar nada”, dice. “Quería encontrarla desde lo que soy: una mujer latinoamericana”. El resultado es una Férula contenida, casi inmóvil, pero atravesada por una vulnerabilidad que se filtra en los detalles. No en grandes gestos, sino en lo que evita.

Castillo, acostumbrada a personajes de control absoluto, tuvo que ir en dirección contraria. Aprender a moverse peor. A ocupar menos espacio. Incluso a desaparecer un poco. “Me dieron clases para verme torpe”, cuenta, entre divertida y sorprendida. El trabajo fue minucioso: la forma de cargar objetos, el miedo al contacto, esa tensión constante entre lo que se siente y lo que se permite.

Y luego está Clara. El único punto donde Férula se ablanda. No del todo, pero lo suficiente para que algo cambie.

Para construirla, Castillo recurrió a un método casi íntimo. Mandó hacer un perfume con notas de lavanda y limón, inspirado en la novela. Lo usó durante todo el rodaje. No como truco, sino como entrada sensorial al personaje. “Era como bordar algo muy fino”, dice.

Pero Férula no se queda en lo actoral. Importa por lo que representa. Por lo que recuerda.
Castillo lo dice sin rodeos: hablar de esta historia hoy implica mirar de frente lo que muchas veces se da por hecho. Derechos que parecen básicos, pero que no lo son tanto. Libertades recientes. Frágiles. “Hay generaciones que ven el feminismo como algo exagerado, sin dimensionar lo cerca que estamos de perder lo que ya se ganó”, apunta.

Férula, en ese sentido, resulta más contemporánea de lo que parece. No por lo que hace, sino por lo que no puede permitirse. Su conflicto no es el amor, sino el deseo. Y en esa tensión abre una conversación que sigue vigente: la de las identidades impuestas y los afectos que quedan fuera de norma.

La serie también propone algo más amplio. Una idea de comunidad femenina que no siempre es evidente, pero que atraviesa generaciones. “Todas somos, de alguna manera, la misma”, dice Castillo.
La que resiste, la que cede, la que se reconstruye. No como arquetipos, sino como capas que conviven.

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La casa de los espíritus estrena el 29 de abril en Prime Video

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Quizá por eso esta versión se siente distinta. No intenta imponerse sobre la memoria de quienes leyeron la novela. Tampoco compite con ella. Se acerca desde otro lugar. Más cercano. Más propio.
Y eso, al final, es lo que permanece. No la perfección de la adaptación, sino la sensación de que, esta vez, la historia habla con una voz que reconoce como suya.

La casa de los espíritus estrena el 29 de abril en Prime Video.

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