La noche del 14 de noviembre en Ginebra tuvo un brillo particular. No el del escenario, ni el del Bâtiment des Forces Motrices, sino el de dos relojes que recordaron por qué la alta relojería sigue siendo uno de los lenguajes más poéticos del lujo. Chopard, con la presencia de Caroline y Karl-Friedrich Scheufele, volvió a subir por partida doble al escenario del Grand Prix d’Horlogerie de Genève 2025, el certamen que cada año define qué piezas trascienden y cuáles simplemente pasan.
No fue una sorpresa para quienes siguen el pulso de la Maison, pero sí un recordatorio, cuando Chopard compite, su narrativa estética y técnica no busca agradar; busca dejar huella.
El lado indomable del diseño: Alpine Eagle 41 SL Cadence 8HF
En la categoría Sports Watch, el premio recayó en el Alpine Eagle 41 SL Cadence 8HF, una pieza que parece diseñada para desafiar convenciones. Sus 41 mm de titanio ceramizado no solo hablan de ligereza, hablan de precisión, resistencia y una manera contemporánea de acercarse a la relojería deportiva.
La esfera “Pitch Black”, interrumpida por acentos naranjas sutiles, construye una tensión visual que se siente como una bocanada de modernidad. En su interior, el movimiento de alta frecuencia Chopard 01.14-C late con la regularidad impecable de un corazón entrenado para la excelencia.
El reloj no busca adornar la muñeca: busca acompañar ritmo, velocidad y carácter.
IMPERIALE Four Seasons: una complicación que narra el tiempo
En Ladies’ Complication, el premio fue para el IMPERIALE Four Seasons, una pieza que demuestra que la relojería femenina puede ser compleja, precisa y profundamente emocional a la vez.
Su caja de oro blanco ético de 18 quilates, engastada en diamantes, es apenas el inicio. En el centro, un disco rotatorio decorado para representar el paso de las estaciones transforma el reloj en un pequeño universo en movimiento. El calibre L.U.C 96.31-L es un recordatorio de que la belleza también puede sostenerse en ingeniería fina.
Más que un reloj, es una metáfora donde el tiempo no solo se mide, también se siente.
Un legado que no se improvisa
Para Chopard, esta victoria no es un golpe de suerte. Es continuidad. La Maison ya había conquistado premios en 2024 —Eco-Innovation y Jewellery Watch— y su trayectoria incluye logros tan significativos como el Aiguille d’Or de 2017 por su repetición de minutos L.U.C Full Strike. Desde 2001, su presencia en el GPHG ha sido una constante de reconocimiento y respeto.
El GPHG: donde la artesanía se vuelve competencia
El Grand Prix d’Horlogerie de Genève no es simplemente una ceremonia de premiación. Es el escenario donde la relojería contemporánea se expone con todos los detalles de lujo propios de Chopard donde cientos de piezas compiten cada año para demostrar qué significa innovar sin traicionar la tradición. A menudo llamado los “Oscars” de la relojería, el evento no solo reconoce a los mejores; define tendencias y reconfigura el mapa del lujo global.
En ese escenario tan exigente, Chopard volvió a levantar dos trofeos.
Elegancia que se sostiene en autenticidad
La edición 2025 no dejó dudas: Chopard no compite por acumular premios, sino por seguir dando forma a una visión. El Alpine Eagle 41 SL Cadence 8HF y el IMPERIALE Four Seasons son piezas que abrazan dos lenguajes distintos —deporte y poesía—, pero que comparten un mismo espíritu: el de una Maison que entiende el lujo como arte, técnica y emoción.