Por Jessica Servin Castillo
Fotografías de Alejandro Salinas. Todas las imágenes tomadas con iPhone 17 Pro. #ShotOniPhone #LaVidaEsUnaTelenovela
Dirección creativa de Gustavo García Villa
Fashion Styling de Rodrigo Alcántara
La pantalla se enciende y, en cuestión de segundos, queda claro que Diego Klein no necesita compartir un mismo espacio para transmitir presencia. Se conecta sin pretensiones, con la naturalidad de quien entiende que el estilo no siempre está en la ropa, sino en la manera de ser. Saluda con una sonrisa tranquila, habla despacio y escucha antes de responder.
En los últimos años, su nombre ha comenzado a ocupar un lugar cada vez más visible dentro de la industria. Series, telenovelas, cine y ahora teatro, porque, mientras realizamos esta entrevista, está a punto de estrenar la puesta en escena El método Grönholm, un nuevo reto para un actor que parece sentirse más cómodo explorando las contradicciones humanas que buscando certezas. Porque detrás de la imagen del galán hay alguien que habla más de trabajo que de fama, más de procesos que de resultados.
¿Qué ha cambiado más de tu carrera hoy que cuando iniciaste?
Pues definitivamente el conocimiento de la industria, para empezar. O sea, siento que cuando empiezas a ser actor no te imaginas todos los mundos que rodean a la actuación. Dentro de ellos está todo el tema editorial. Eso es algo que nunca te imaginas. No sabes cómo funciona; hay una total ignorancia de todos los submundos que rodean a la actuación. Y yo he ido aprendiendo y entendiendo que también tienen un espacio, que también tienen una narrativa y una voluntad que son igual de indispensables que los mismos proyectos. Entonces siento que lo que sí cambió fue todo mi concepto sobre lo que es el mundo de la actuación y de la exposición pública.
¿En qué momento dejaste de sentir que estabas intentando demostrar algo?
Creo que ahora estoy empezando a sentirme más tranquilo. Siento que todos los actores traemos un vacío y una necesidad de ser reconocidos, ¿no? O sea, todo lo que hacemos es para ser vistos. Y siento que eso siempre va a estar ahí; lo importante es aprender a vivir con ello, saber que existe y tratar de decir: “Si no lo necesito tanto, está mejor”. Creo que se trata de tener un poco más de calma frente a ese FOMO, esa desesperación y esa constante comparación que tiene esta carrera.
¿Existe un director o un proyecto que haya marcado un antes y un después en tu manera de actuar?
Sí. Loco por ella, una película que hice con Rodrigo Nava. A pesar de haber sido una película comercial, fue un proyecto muy artesanal, en donde ensayamos muchísimo, tuvimos varios meses para preparar al personaje y hubo una construcción muy sutil. Evidentemente fue muy especial y sí marcó una diferencia radical en mi forma de ver los procesos creativos.
Hablando de esos momentos, ¿hubo alguno en el que dijiste: “Ahora sí entiendo qué significa ser actor”?
Sí, he tenido varios. Uno fue cuando estaba grabando una serie en Valle de Bravo y me tenía que regresar en la madrugada para llegar a una campaña a las cinco de la mañana en Cuernavaca y de ahí tomar un avión para irme a grabar otro anuncio. Ahí dije: "¡Wow! Esto sí es. Esto ya es high roller, esto ya es una locura”.
¿Y en esa locura has pensado en dejar esta profesión y dedicarte a otra cosa?
No. Amo muchísimo mi trabajo. Aunque es verdad que mi reflexión este año ha sido: amo mi profesión, pero amo mucho mi vida también. Lo único que he hecho es darme cuenta de que ahora valoro más los momentos que tengo con mi familia, con mis amigos y con mi novia. Estar tan ocupado y tan drenado me ha hecho entender que necesito descansar, que necesito seguir consiguiendo trabajo, pero también replantear mis prioridades. La carrera es importante, pero no hay que descuidar las otras partes de la vida.
¿Qué te sigue emocionando de actuar?
Definitivamente, conocer a mis compañeros y verlos trabajar. Eso me emociona muchísimo. Y también buscar al personaje. Eso me encanta.
Estás en varias cosas ahora, recientemente se estrenó la telenovela Guardián de mi vida, en donde eres protagonista junto a Paulina Goto. Pero sé que próximamente estrenas una nueva obra de teatro, El método Grönholm
Sí, justo estoy ahorita en una crisis emocional por esa obra.
¿Por qué? ¿Pone a los personajes bajo una presión constante?
Exactamente.
¿Te identificas con el personaje?
Sí. Siento que se parece mucho a lo que vivimos hoy en día. Y también quiero tocar el tema de la cancelación. Hoy siento que todos los actores vivimos con ese miedo, con esa paranoia de decir algo que de pronto se salga de contexto y te cancelen. Y si no es por ese lado, está el miedo constante a dejar de estar vigente. Es horrible.
¿Qué fue lo primero que te atrapó de este texto para decidir aceptar la obra?
El director, que es el mismo de Loco por ella. Me encanta trabajar con él. Y luego el elenco. Eso incluso antes de leer la obra. Me la propusieron y me dijeron: “Va a estar tal, tal y tal”. Después la leí y fue como: “La tengo que hacer”. Además, me parece una gran analogía. Me conmueve mucho el tema de la aparente maldad en estas nuevas generaciones. Mi última reflexión con el director fue que vivimos en una constante corrección política que es muy tramposa, en donde ya no distingues claramente el bien y el mal porque todo está muy enmascarado de corrección política, de buenos actos y de una falsa empatía. Antes la maldad era más frontal. Era muy evidente quién era el malo. Hoy está mucho más disfrazada, con falsa empatía y falsos protocolos. Fernando, que es el personaje que hago, parece ese jefe de la vieja escuela que hace comentarios misóginos y que podría atropellar a cualquiera para conseguir su objetivo. Sin embargo, al final de la obra te das cuenta de que el más atropellado fue él y que quienes parecían los más empáticos terminan siendo los más despiadados. Lo que pasa es que están disfrazados.
¿Y qué has aprendido de tu personaje?
Que no es tan listo como cree. Creo que eso es lo primero. Y también que no fluye. Es un hombre muy hermético que piensa que la fortaleza consiste en aguantar cualquier cosa. Le tiene muchísimo miedo a su vulnerabilidad y eso hace que se quede atorado en cosas que no le permiten convertirse en un candidato realmente apto para el puesto.
Hay actores que encuentran su equilibrio leyendo, meditando o viajando. ¿Tú dónde lo encuentras?
En el deporte. Y también en las salidas con mi familia, mi novia y mis amigos. Ese es mi equilibrio máximo. Pero sobre todo el deporte. Me baja a tierra, me estabiliza y me equilibra. Practico el tenis y el pádel.
¿Qué significa ser hombre hoy para ti?
Estamos en una situación donde necesitamos cambiar muchas ideas sobre lo que creemos que es la hombría y modificar muchas conductas. Pero, por otro lado, también estamos en una posición muy vulnerable frente al sistema porque muchas veces no sabemos dónde colocarnos.
Hablando del estilo, ¿para ti es una forma de expresión o una consecuencia de quién eres?
Yo creo que es una forma de expresión. Ha sido una manera de encontrar una identidad, de expresarme diferente y de descubrir partes de mí que no conocía. Ahorita siento que estoy en una etapa de fashion clásico.
¿Has sentido la presión de estar siempre impecable?
Todos los días. Yo soy bastante relajado y no soy tan estricto con eso. Pero sí existe una presión constante por estar a la altura de las expectativas, sobre todo físicamente. Esa es la que más me afecta. Es como pensar: “No puedes tomarte unas malteadas porque vas a subir de peso”. Esa es la parte que más me pesa.
Lo demás lo disfruto mucho. Nunca ha sido algo que juegue en mi contra o que me quite demasiado tiempo. Cuando lo hago, lo disfruto; y cuando no, ando en pants feliz.
¿Hay algún proyecto que te dé miedo aceptar porque te saque de tu zona de confort?
La verdad es que me encanta salir de mi zona de confort. Quizá me daría miedo un proyecto que exigiera un cambio físico muy extremo. Me preocuparía la exigencia del proceso. Pienso en lo que hicieron Christian Bale para El maquinista o Joaquin Phoenix para Joker. De pronto decir: “Voy a comer una manzana al día durante tres meses”. Eso sí me daría miedo. Lo haría, pero sí me impondría mucho respeto.
¿Hay algún director con el que sueñas trabajar?
Sí, con Mariano Cohen. Es argentino. Me gustaría hacer una película con él.
Te veremos en teatro, te estamos viendo en televisión y también en streaming. ¿Qué más viene para cerrar el año?
En septiembre se estrena una serie de HBO que se llama Colisión. Es como un Succession mexicano. Me emociona mucho que pueda estrenarse en esa fecha. Todavía no está completamente confirmada, pero esa fue la primera que anunciaron. Mi personaje es un antihéroe. Empieza siendo bueno y termina bastante gris. Es el hijo del dueño de una empresa, muy al estilo Succession, y se obsesiona con una mujer. A partir de ahí empieza a mostrar toda la oscuridad de la que es capaz por esa obsesión.