El último adiós a Valentino Garavani se llevó a cabo en Roma, la ciudad que definió su sensibilidad estética y su manera de entender la elegancia. Lejos de cualquier gesto espectacular, el velorio fue una ceremonia privada, cuidadosamente contenida, que reunió a algunas de las figuras más influyentes del sistema de la moda, el lujo y la cultura internacional. No fue una despedida multitudinaria, sino una reunión histórica donde estuvieron quienes realmente formaron parte de su vida, su trabajo y su legado.
Entre los asistentes destacaron nombres clave de la moda italiana contemporánea. Pierpaolo Piccioli, quien durante años estuvo al frente creativo de la maison Valentino, acudió como una de las presencias más significativas de la ceremonia, representando la continuidad estética y emocional del fundador. A él se sumaron Donatella Versace y Maria Grazia Chiuri, dos figuras centrales del diseño italiano, cuya relación con Valentino trascendió la competencia para situarse en el terreno del respeto mutuo y la historia compartida.
El velorio también contó con la presencia de diseñadores que han redefinido la moda desde otros lenguajes. Tom Ford y Alessandro Michele acudieron para despedir a un creador que, incluso desde una estética clásica, abrió caminos para la libertad creativa y la expresión personal dentro del lujo.
Desde el ámbito empresarial y estratégico del sector, estuvieron presentes François-Henri Pinault y Antoine Arnault, reflejando el reconocimiento institucional hacia una figura que ayudó a consolidar el prestigio global de la moda italiana. Junto a Arnault asistió Natalia Vodianova, cuya relación con Valentino fue tanto profesional como personal, ligada a décadas de colaboración y cercanía.
La ceremonia también reunió a musas y figuras culturales que encarnaron el espíritu de la casa Valentino. Anne Hathaway asistió acompañada de Adam Shulman, confirmando el vínculo profundo que la actriz mantuvo con el diseñador a lo largo de los años. A ellos se sumaron Olivia Palermo y Naty Abascal, dos presencias históricas del universo Valentino, asociadas a su elegancia, su círculo social y su visión de la moda como forma de vida.
En el centro de la despedida estuvo Giancarlo Giammetti, expareja, socio, cofundador y figura inseparable de la historia de Valentino. Su presencia, discreta y constante durante toda la ceremonia, sintetizó el carácter íntimo del velorio. Sin discursos públicos ni gestos teatrales, solo acompañamiento, silencio y memoria compartida.
La despedida de Valentino Garavani fue, en todos los sentidos, coherente con su legado. Roma lo despidió rodeado de quienes entendieron su importancia no solo como diseñador, sino como uno de los arquitectos culturales del lujo moderno. No fue un adiós ruidoso, sino una confirmación silenciosa de su lugar en la historia.