Piensa dos veces antes de hacerte alguna de estas cirugías faciales

Más allá del efecto inmediato, ciertos procedimientos estéticos faciales pueden alterar la armonía del rostro con el paso del tiempo y entender sus implicaciones ayuda a tomar decisiones más conscientes

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Piensa dos veces antes de hacerte alguna de estas cirugías faciales

Stephane Cardinale - Corbis/Corbis via Getty Images

En la era de los resultados rápidos y las transformaciones visibles en redes sociales, procedimientos como la bichectomía y la lipopapada se han normalizado como soluciones casi rutinarias. Prometen afinar el rostro, marcar el contorno facial y devolver una apariencia más definida en poco tiempo, sin embargo, cuando se observan más allá del corto plazo, estas intervenciones plantean preguntas importantes sobre proporción, envejecimiento y permanencia.

El principal problema de ambos procedimientos es que no consideran la evolución natural del rostro. La cara no es una estructura estática ya que cambia con la edad, la pérdida de colágeno, la redistribución de la grasa y el descenso natural de los tejidos. Extraer grasa de forma permanente —como ocurre en la bichectomía— puede generar un efecto contrario al deseado con los años que ocasiona un rostro hundido, cansado o prematuramente envejecido.

En el caso específico de la bichectomía, la grasa bucal cumple una función clave en la arquitectura facial. No solo aporta volumen, también equilibra las facciones. Al retirarla, el resultado inicial puede parecer estilizado, pero a largo plazo puede acentuar surcos, marcar excesivamente los pómulos y crear una apariencia rígida o severa. Lo que hoy se percibe como definición, mañana puede traducirse en pérdida de frescura.

La lipopapada, por su parte, suele venderse como una solución sencilla para eliminar el volumen bajo el mentón. El problema es que no siempre distingue entre grasa, piel y flacidez. En muchos casos, retirar grasa sin tratar la calidad de la piel puede provocar irregularidades, descolgamiento o una línea mandibular poco natural. El contorno pierde suavidad y el resultado puede verse forzado, especialmente cuando el rostro envejece.

Otro punto clave es que ambos procedimientos responden a tendencias estéticas muy concretas, no necesariamente universales. El ideal de rostro ultradefinido, casi esculpido, no favorece a todas las estructuras faciales ni dialoga bien con todos los rasgos. La moda pasa, pero las intervenciones quirúrgicas permanecen. Apostar por un canon momentáneo puede implicar cargar con un resultado que deje de sentirse propio con el tiempo.

Desde una perspectiva más amplia, estas cirugías también tienden a homogeneizar los rostros. Al reducir volumen en zonas clave, se pierde singularidad. El rostro se vuelve más genérico, menos expresivo.

Antes de optar por la bichectomía o la lipopapada, conviene preguntarse no solo cómo se quiere ver hoy, sino cómo se quiere envejecer. En muchos casos, tratamientos menos invasivos, temporales o simplemente un cambio de enfoque —aceptar el volumen como parte de la identidad— pueden resultar más coherentes con una belleza que evoluciona, en lugar de luchar contra el tiempo.

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