Put your head on my shoulderpad: la evolución de las hombreras

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Fueron sinónimo de fuerza y poder, y ahora representan el camino que está tomando la moda.

Donna Karan dijo alguna vez: “el secreto de una buena chaqueta está en los hombros”. Y estaba en lo cierto, ahí es donde se colocan los cimientos en los que se edificará la prenda y de ello depende que el resultado sea una covacha o el Empire State Building.

La aparición de las hombreras en las chamarras femeninas surgió en 1945, después de la Segunda Guerra Mundial. Ante la carencia de materiales para ornamentarlas, se recurrió a este elemento para darles mayor personalidad –pues se solían combinar con faldas rectas bastante sencillas– y, además, para dotarlas de un aire masculino y menos delicado. La guerra había fortalecido a las mujeres, y su outfit tenía que demostrarlo.

Y a pesar de que con su nuevo look del 47 Christian Dior devolvió la feminidad y gracilidad a la ropa del género, las hombreras se quedaron, ya que se descubrió en ellas una nueva manifestación estética.
una nueva manifestación estética.

Balmain, primavera 2018. Vía IMaxTree

En los años 80, regresaron para dotar a la mujer de una armadura
que, al igual que los jugadores de futbol americano, les ayudaran a embestir al sexo opuesto para pelear por oportunidades laborales e igualdad. El power suit hacía su aparición, y féminas de car- ne y hueso, como Margaret Thatcher, o de ficción, como Tess McGill en Working Girl –interpretada por Melanie Griffith–, hicieron de él su bandera y quisieron comerse al mundo con la cabeza bien colocada entre un par de enormes y imponentes hombreras.

Si bien ha tenido un importante sustento sociológico, este detalle ha habitado en la moda debido a causas estéticas... o, pensarían algunos, todo lo contrario. Diseñadores como Thierry Mugler, Claude Mon- tana y hasta Jean Paul Gaultier hicieron de él su punto distintivo en los años 80, y algunas prendas creadas por ellos llegaron a tener di- mensiones descomunales, hecho que fascinó tanto a mujeres como a hombres.

En esa misma época, las piezas que no altera- ran la figura no tenían mucho sentido. Y lo cierto es que una chaqueta con hombreras favorece enormemente la silueta, porque aunque pueda hacer- la un poco más severa, también la dota de estructura y esto, para los cuerpos no-de-modelo, siempre será un punto a favor. Por ello, resulta un re- torno esperado el de esta tendencia.

“¿Te dejaste el gancho dentro del saco?”, era la bro- ma más recurrente hace 30 años cuan- do alguien hacía referencia a las hombreras exageradas de un top, y hoy parece que tanto la broma como la estética de los hombros afilados han regresado. En 2009, Balmain, bajo la batuta del entonces director creativo Christophe Decarnin, ya nos puso la miel en los labios con aquella chaqueta militar con hombreras redondeadas.

Un par de años más tarde, el di- señador coreano Juun.J jugó con ellas en escuadra en sus colecciones masculinas. Y Lady Gaga, en su frenética búsqueda por originalidad, rescató del pasado creaciones vintage de Thierry Mugler (lo mismo que Beyoncé) y de Versace, volviendo a poner este estilo cargado de drama y exceso en la mira de los creativos... y en el ojo de los fashionistas.

Gucci, primavera 2018. Vía IMaxTree.

Desde entonces, ya habían surgido brotes por aquí y por allá, con dise- ñadores como Demna Gvasalia –en Vetements y Balenciaga–, Jacquemus, Anthony Vaccarello, Maison Martin Margiela y con Karl Lagerfeld en Chanel. No obstante, fue hasta esta temporada de otoño-invierno cuando las encontramos en todos lados, incluso en ready-to-wear. ¿Qué significa esto? Que si Amancio Ortega las ha puesto ya en Zara, es porque el deseo es de aquí y ahora. Las mujeres quieren hombreras.

Isabel Marant las ha incluido en sus prendas de una manera más suave y sutil y fácil de llevar; Vaccarello, para Yves Saint Laurent. Muchos las han vuelto excesivas, roqueras y, a decir verdad, divinas. En Mugler, retoman sus raíces ochenteras, pero de una manera más sofisticada y moderna. Balenciaga, después del shock al que nos sometió el año pasado con sus inmensas hombreras y prendas oversize, ahora las modula un poco, pero continúan estando presentes: “Me fasci- nan -dice Gvasalia- porque empoderan a la mujer, y la hacen ver magnífica”.

Karl Lagerfeld las incluye en la legendaria cha- queta de Chanel, haciéndola más boxy, o en los vestidos para dotar de una nueva dimensión a
las prendas de la maison. De igual modo, Dries van Noten redimensiona las chamarras con hombreras redondeadas, a diferencia de las angulares de Olivier Theyskens. Jil San- der las utiliza de manera suave y sobria, mientas Jeremy Scott para Moschino las convierte en una broma, porque en este mundo no hay que tomarse las cosas tan en serio.

Sí, es una tendencia de las muchas que inundan el mundo en la actualidad, y no hay obligación de seguirla, pero viendo cómo están las cosas, más temprano que tarde, de una manera o de otra, llevarás esta sensacional carga sobre
tus hombros.

Este texto aparece en la edición de octubre de Harper’s Bazaar en Español. Consíguela en tu puesto de revistas más cercano.

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