Bebe: La marca que sobrevivió al slut-shaming (y lo dominó)

Bebe firma de moda

La firma Bebe hizo de su estilo todo un reto con vestidos más entallados, más atrevidos y más cortos.

Por: DAFNE RUIZ

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Bebe, la marca que dominó el slut-shaming

En 2017, bebe anunciaba el cierre de sus tiendas junto con su bancarrota debido a las bajas ventas registradas por varios años consecutivos.

Mucha gente creyó que era el fin de la marca que en su cumbre llegó a ser como la hermana pequeña sexy-classy de Michael Kors con caras como Irina Shayk, Elsa Hosk, Rebecca Romijn, Eva Longoria, Nina Agdal, Sara Sampaio y Chanel Iman.

Pero cuando creció se convirtió en la típica adolescente regañada por la mamá antes de salir porque ya no vestía como una “niña bien”.

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FOTO: Instagram

Poco a poco, los escaparates y racks de bebe cambiaron al punto de preguntarnos si habíamos entrado a la tienda correcta.

La marca de retail caminaba sobre la delgada línea entre lo provocativo de una femme fatale y lo escandaloso.

Al final terminó por ser considerada un sinónimo de vulgaridad/tacky o de mal gusto (un nivel por debajo del de Juicy Couture, sin importar cuántas veces Paris Hilton haya fungido como su máxima embajadora).

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Las mujeres -sobre todo de California- que continuaban portando los estrechos vestidos característicos de bebe fueron las primeras en ser víctimas del slut-shaming que atormentaría a la marca mucho antes de declararse en quiebra.

Recuerdo haber escuchado conversaciones entre hombres en las que se referían a ellas como prostitutas o escorts de alta categoría, también como sugar babies que buscaban quién les pagara la diversión.

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¿Acaso era ese el tipo de clienta de Bebe?

Un spread en una revista femenina de septiembre de 2013 mostraba a una atractiva chica en la parte de atrás de un coche… acompañada de un hombre misterioso (solo se ve su nariz y sus labios).

El copy reza: “9 pm to 5 am, the best part of the day is the night. Bebe”.

No se necesita ser un genio para descifrar las potenciales actividades de una noche de fiesta. El problema era que solo se les atribuía a las “mujeres fáciles”.

El horrible “She was asking for it”, un pilar del slut-shaming, culpa de lo que les llegue a suceder a las mujeres por usar minis, vestidos entallados o cualquier otra prenda sugerente o reveladora.

A pesar de las críticas y de la etiqueta que ya se había adherido a la marca, para sorpresa de muchos, no hubo marcha atrás. Nada de re-branding. Bebe continuó con la frente en alto ofreciendo -ahora online- esos modelitos por los que había caído en desgracia pública.

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Sin ningún tipo de reivindicación, la marca tuvo el coraje para hacerle frente al slut-shaming. No cambió por nadie, mucho menos por los haters o los conservadores. Por supuesto que la marca no es para todas las mujeres, pero existen miles que la toman como la armadura ideal para expresar su sexualidad y su poder seductor.

Además, quien crea que ya no puede encontrar el classy-sexy en su catálogo está muy equivocado.

Como en todos lados, hay que saber buscar.

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