El desfile masculino Otoño/Invierno 2026 de Dolce & Gabbana no se presentó como una simple sucesión de looks, sino como una declaración de principios. Bajo el nombre El Retrato del Hombre, la firma italiana construyó una pasarela que funcionó como una galería contemporánea donde cada salida fue pensada como un autorretrato emocional, en la que la ropa no solo viste, sino revela.
La colección parte de una idea clara, la masculinidad no es un concepto homogéneo, sino una suma de contradicciones, recuerdos y pulsiones internas. Ese planteamiento se tradujo en una narrativa visual poderosa, donde cada modelo parecía portar una historia propia. No hubo intención de uniformar, sino de subrayar la individualidad como valor central del vestir masculino.
La puesta en escena reforzó este discurso. La iluminación, inspirada en el claroscuro italiano, esculpió las siluetas con una profundidad casi pictórica. La luz no solo acompañó las prendas, las interpretó. Abrigos, trajes y capas adquirieron volumen y dramatismo, evocando una sensibilidad renacentista que conectó pasado y presente sin nostalgia explícita.
En términos de diseño, Dolce & Gabbana volvió a dialogar con sus códigos más reconocibles. La sastrería —columna vertebral de la casa— se presentó precisa y expresiva, con trajes que abrazan el cuerpo sin rigidez. Los abrigos de gran presencia, incluidos los de inspiración piel, aportaron una dimensión casi escultórica, mientras que el terciopelo, las texturas profundas y los tejidos nobles reforzaron una noción de lujo ligada a la emoción y no al exceso.
El contraste fue uno de los recursos clave de la colección. Looks de noche convivieron con propuestas de espíritu más cotidiano; prendas de aire aristocrático se mezclaron con referencias utilitarias y deportivas. Esta tensión entre opuestos construyó una imagen masculina compleja, lejos de clichés y más cercana a la realidad psicológica del hombre contemporáneo.
El elenco de modelos también jugó un papel fundamental. No se trató de una selección neutra, sino de rostros que encarnan distintas facetas del imaginario de la casa con fuerza, vulnerabilidad, elegancia e introspección. Cada uno reforzó la idea de que la identidad no se impone, se interpreta.
En esta colección, los detalles funcionaron como fragmentos narrativos. Accesorios simbólicos, broches, joyería discreta y gestos de styling cuidadosamente pensados añadieron capas de lectura a cada conjunto. Nada fue accesorio en el sentido superficial; todo sumó a la construcción de un retrato interior.
El desfile Otoño/Invierno 2026 dejó claro que Dolce & Gabbana sigue apostando por una masculinidad expresiva, profundamente italiana y emocionalmente sofisticada. El Retrato del Hombre no busca definir cómo debe vestirse un hombre, sino ofrecerle un lenguaje con el cual reconocerse, explorarse y afirmarse.
Más que una colección, fue una reflexión visual sobre identidad y estilo. Una pasarela donde la moda se convirtió en espejo y donde cada look, lejos de responder a una tendencia pasajera, se sostuvo como una declaración personal.