Spencer, el retrato de la princesa Diana que no conocías

Kristen Stewart es Diana de Gales en Spencer

Próxima a estrenarse en México, el 13 de enero, la cinta Spencer muestra un retrato poco usual en la vida de Diana de Gales.

Por Aleks Phoenix

Hay una secuencia cerca del final de Spencer, la novena cinta del director Pablo Larraín, en la que vemos varias estampas de la vida de Diana de Gales como una proyección de viñetas del pasado que desfilan frente a sus ojos y que alternan la euforia de su adolescencia con la desdicha de su figura Real. Es uno de los momentos más memorables y preciosistas de la película, donde vemos a Kristen Stewart completamente transformada en la Princesa de Gales. Esto bajo el exquisito diseño de vestuario de la dos veces ganadora del Oscar, Jacqueline Durran, quien se inspiró en atuendos verídicos de Diana y los reinterpretó en honor a su obsesión por la moda.

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Reimaginando la historia de la princesa de Gales

Absorta en su nostalgia o bailando a través de corredores exuberantes, tapizados de retratos, Diana flota entre las tomas bajo una bruma permanente de tristeza, asediada por las cuerdas de la banda sonora de Jonny Greenwood, que la acompaña como una marcha fúnebre tan intensa que parece a punto de salirse de la pantalla. Es durante este montaje donde la reimaginación de Larraín sobre uno de los íconos más influyentes y cautivadores del Siglo XX, alcanza un nivel casi pictórico. Como si él, su guionista, Steven Knight, y la directora de fotografía, Claire Mathon, trazaran un lienzo tenebrista con claroscuros y contorsiones que proyecta el mito de Diana a través del tamiz de la melancolía. “Mamá, ¿qué ha pasado para ponerte tan triste?”, pregunta un príncipe Harry adolescente en otra escena, donde Diana se limita a agachar la mirada y evadir la respuesta.

Diana, la princesa atrapada en un castillo

Spencer transcurre durante un fin de semana de Navidad a inicios de los 90. Diana contempla abandonar su lugar dentro de la Corona, confrontada con los amoríos de su esposo, la especulación pública de su deterioro mental y la decisión de terminar su matrimonio. Atrapada en Sandringham Estate, la ostentosa y remota casa de campo de la familia real que flota en medio de hectáreas de bosque y niebla, Diana asume verdaderamente el rol de una princesa encerrada en un castillo, custodiada por un dragón.

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Su única fuente posible de alivio son sus hijos y la lealtad de la servidumbre, quienes la acompañan durante esta suerte de arresto domiciliario. Todo esto apenas a unos metros de las ruinas de la casa de su infancia, que ahora se erige como reliquia de su historia familiar. Pero las condiciones de su aislamiento y su completo desapego a las expectativas Reales la orillan a conductas escapistas, que amenazan con destruirla.

Larraín idealiza la figura de Diana

Al igual que en sus retratos anteriores de otras figuras políticas, como Jackie O y Pablo Neruda, el director chileno se aproxima a la vida de Diana con romanticismo e idealización, más que con rigor histórico. Su preocupación no es la complacencia de sus biógrafos, tampoco la de sus admiradores (aunque claramente elige contar su historia desde la óptica maniquea de Diana como víctima).

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Al aislarla en un contexto hostil, delimitada por un periodo breve de tiempo, Larraín puede ir más hondo y con más detalle en la exploración de sus rasgos psicológicos. Intensifica las implicaciones de su dilema y la sitúa en un punto decisivo, donde Diana debe retomar el control de su vida o perderlo para siempre. Desde los créditos de inicio, la película nos advierte que lo que estamos a punto de ver es “una fábula sobre una verdadera tragedia”.

Una fábula con atmósfera de cuento de fantasmas

Fábula es la palabra clave aquí (y también el nombre de la productora de Larraín), ya que es precisamente esta licencia poética la que permite a Spencer desplegarse como un relato altamente expresivo y estilizado que recoge la fascinación por Diana, pero la rodea del misterio y la atmósfera de un cuento de fantasmas. Mansiones en ruinas, pasillos oscuros, figuras obscenamente poderosas y espectros del pasado son motivos propios de la ficción gótica y todos están presentes en Spencer. Desde las miradas que la enjuician durante la cena, donde cada utensilio, gesto o arco de violín se vuelve un arma puntiaguda, hasta las apariciones que la visitan con los ecos de una tragedia, o la misma traición de su esposo, Diana está atrapada en su propia novela de terror.

Diana Spencer, una mujer atrapada entre muros de lujo

En este sentido, Spencer sigue un compás similar a otro clásico del cine que también se inserta en la tradición gótica: Rebecca, de Alfred Hitchcock (1940). Ambas historias tienen como protagonista a una joven conducida por su enamoramiento hacia un hombre mayor que ella, cuyo matrimonio termina por aprisionarla en un contexto aristocrático, tras los muros de una mansión ostentosa, donde el peso de las expectativas y la intimidante autoridad de su nuevo hogar amenazan con enloquecerla.

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Incluso, en ambos relatos se cierne la sombra tenebrosa de una rival del pasado que oscurece su matrimonio. En la cinta de Hitchcock, basada en la novela de Daphne du Maurier, es la mujer del título, la terrible y enigmática Rebecca. En Spencer, es la consabida antagonista de Diana, Camila Parker Bowles, a la que el Príncipe Carlos favorece sobre ella.

La desintegración de una mujer acosada

Spencer también invoca otros thrillers psicológicos que documentan la desintegración de una mujer acosada por fuerzas tanto externas como psíquicas, particularmente los de directores como Roman Polanski o Darren Aronofsky. Vienen a la mente El Bebé de Rosemary y El Cisne Negro, con los que se pueden trazar paralelismos en el aislamiento y la vigilancia que sufre la protagonista de la primera, las alucinaciones autodestructivas de la segunda y la paranoia conspirativa de ambas. El resultado es un retrato neurótico de una de las mujeres más carismáticas y queridas por el público, que siempre ha sido retratada bajo la luz más favorecedora.

Spencer retrata cómo su intimidad fue impactada por el asedio y la presión

Diana no era solamente un ser etéreo de un mundo flotante que descendió al nivel de los marginados y enfermos para impactar su vida con su glamour. Si bien los privilegios y plataformas de la realeza le dieron acceso a la veneración pública y su activismo diligente le ganó el favor de casi todo el mundo, el asedio de la prensa y el peso de la Corona impactaron tremendamente su intimidad. La misma Diana confesaría en su infame entrevista de Panorama en 1995 las adversidades de su matrimonio, la indiferencia de la familia real a su depresión, su “bulimia desenfrenada” y hasta su tendencia a lastimarse físicamente. Larraín estudia muy bien estas fisuras y sin comprometer la belleza y carisma que definieron su imagen, toma los rasgos más melodramáticos de Diana. Esto le permite construir a la princesa de su relato de forma que, paradójicamente, desmantela su imagen impecable a la vez que mitifica su grandeza.

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Foto: Getty Images

Kristen Stewart, en plan de contendiente al Oscar

Si uno pretende encontrar en Spencer una biopic convencional al estilo de la cuarta temporada de The Crown o del drama fallido protagonizado por Naomi Watts en 2013, la realidad puede resultar escandalosa. Pero para quienes estén dispuestos a entrar en su delirio, será sin duda una experiencia estremecedora y espectacular. Kristen Stewart sobrepasa las expectativas y el escepticismo sobre su actuación, y se enfila de inmediato como la gran contendiente al Oscar por Mejor Actriz. Desde la primera escena en la que aparece como Diana, entrando a una cafetería frente a la mirada atónita de los comensales, con ese gesto tan propio de la Princesa cuando agachaba la mirada, Kristen no se parece a Diana: es Diana.

No es un disfraz, es una encarnación

Spencer es el apellido de nacimiento de Diana y cada vez que su personaje se refiere a él como una invocación al pasado, a su padre (“historia antigua”, dice ella), entendemos porqué Larraín y Knight eligieron titular la película bajo su nombre de soltera. Contrario a lo que promete la traducción del título al español (Spencer: La historia de Lady Di), esta no es una revelación documental sobre un icono ni mucho menos un repaso a sus orígenes. Es una caprichosa, sofisticada y descarada oda a su espíritu, a su maternidad, a su rebeldía y a su dolor, entendiendo que el impacto de Diana también existe gracias a su oscuridad, porque logró vencerla. Aún cuando su final permanece trágico. En una escena, Diana le pregunta a su vestuarista (una fantástica Sally Hawkins) qué título tendrá en el futuro cuando escriban sobre ella. La misma Diana parece haber dejado la respuesta en vida: “yo quiero ser la Reina del Corazón del Pueblo”. O podría ser también: Diana, la Inmortal. Spencer llega a las salas de cine de México el 13 de enero. Sigue leyendo...

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