El fin de la relación entre Bella Hadid y Adán Bañuelos confirma un cambio más en la manera en que la modelo gestiona su vida personal frente a la atención mediática. Sin comunicados oficiales ni gestos públicos que busquen cerrar la historia de forma dramática, la separación se da en coherencia con el tono reservado que ambos mantuvieron desde el inicio del vínculo.
La relación llamó la atención desde el primer momento no solo por la notoriedad de Bella Hadid, sino por el contraste entre sus universos. Mientras ella es una de las figuras más reconocidas de la moda internacional, Adán Bañuelos ha construido su trayectoria en un ámbito completamente distinto, el rodeo profesional, profundamente ligado a la tradición ecuestre y cultural del norte de México y Estados Unidos. Esa diferencia fue, durante meses, parte del atractivo del vínculo.
A lo largo de su relación, Bella Hadid se mostró más cercana a una vida alejada del circuito habitual de pasarelas, eventos y alfombras rojas. Sus apariciones en entornos rurales y su afinidad visible con el mundo ecuestre fueron interpretadas como una búsqueda de equilibrio, especialmente después de periodos complejos relacionados con su salud física y emocional. En ese contexto, la relación con Bañuelos parecía acompañar una etapa de pausa y reconfiguración personal.
La ruptura, sin embargo, no se presenta como un quiebre abrupto ni como un episodio conflictivo. No hay declaraciones cruzadas ni versiones enfrentadas. La información que circula apunta a una separación discreta, sin intención de convertir el final del vínculo en un espectáculo público, confirmada por Entertainment Tonight a través de una fuente cercana a la pareja.
Bella Hadid ha hablado en distintas ocasiones sobre la necesidad de priorizar su bienestar, de reconocer sus propios límites y de replantear la manera en que se vincula, tanto en lo personal como en lo profesional. La ruptura con Adán Bañuelos se inscribe dentro de esa narrativa de autocuidado, sin necesidad de explicaciones extensas.