La textura de la piel importa. No se trata de borrar rasgos ni de perseguir filtros imposibles, sino de lograr una superficie uniforme que refleje luz con naturalidad. Los poros forman parte de la anatomía cutánea —permiten la salida del sebo y el sudor—, pero cuando se perciben dilatados pueden alterar el acabado del maquillaje y la percepción de firmeza. La buena noticia es que su apariencia sí puede mejorar con estrategia y constancia.
Primero, una aclaración clave: los poros no “se abren” ni “se cierran” como puertas. Lo que cambia es su visibilidad. Factores como exceso de sebo, pérdida de colágeno, daño solar y acumulación de células muertas hacen que se noten más. Por eso, el abordaje dermatológico combina control de grasa, renovación celular y estimulación de firmeza.
Uno de los activos más recomendados es el ácido salicílico. Al ser liposoluble, penetra en el poro y ayuda a limpiar el exceso de sebo desde el interior, reduciendo su apariencia con el uso constante. En pieles mixtas o grasas, puede integrarse en limpiadores o tónicos de uso frecuente.
Los retinoides —como el retinol o la tretinoína bajo supervisión médica— también juegan un papel importante. Estimulan la renovación celular y favorecen la producción de colágeno, lo que mejora la textura general de la piel y afina visualmente los poros con el tiempo. Eso sí, requieren adaptación progresiva y protección solar estricta.
La niacinamida es otro aliado estratégico. Regula la producción de sebo y fortalece la barrera cutánea, lo que aporta equilibrio sin irritar. Funciona especialmente bien en rutinas minimalistas y puede combinarse con otros activos.
En consultorio, los dermatólogos suelen recurrir a procedimientos como peelings químicos superficiales, láser fraccionado o radiofrecuencia. Estos tratamientos estimulan colágeno y mejoran la firmeza, lo que reduce la apariencia de poros marcados de manera más profunda.
Y hay un gesto que no admite negociación: el protector solar diario. El daño ultravioleta degrada el colágeno y acentúa la textura irregular. Sin fotoprotección, cualquier tratamiento pierde eficacia.
Afinar la apariencia de los poros no depende de soluciones inmediatas, sino de una rutina coherente y supervisión profesional cuando sea necesario. La piel uniforme no es cuestión de ocultar, sino de entender cómo funciona y trabajar a favor de su biología.