Yayoi Kusama ya había convertido la ropa en parte de su lenguaje artístico mucho antes de que Louis Vuitton llevara sus lunares a bolsos, boutiques y pasarelas. A finales de los años sesenta, la artista japonesa creó una línea de prendas experimentales, abrió una boutique en Nueva York y utilizó la moda como una extensión de sus happenings. Aquella etapa resulta especialmente reveladora porque muestra que su relación con la industria no comenzó con una colaboración de lujo ya que décadas antes, Yayoi Kusama ya entendía la moda como un lienzo y como una herramienta para intervenir el cuerpo.
Kusama Fashion Company nació en 1969
Yayoi Kusama estableció Kusama Fashion Company en 1969, con la intención de llevar sus diseños más allá de las galerías y convertirlos en una propuesta comercial. Ese mismo año presentó una colección de prêt-à-porter que combinaba prendas relativamente convencionales con diseños mucho más radicales.
La artista también abrió una boutique en la esquina de Sixth Avenue y West Eighth Street, en Nueva York. Sus prendas llegaron a venderse en establecimientos de la ciudad, pero la propuesta estaba muy lejos del concepto tradicional de una marca de moda ya que los diseños formaban parte de una práctica artística que incluía pintura, escultura, performance, fotografía y happenings.
La ropa como escenario para el cuerpo
Yayoi Kusama no diseñaba únicamente para vestir. Sus prendas podían revelar partes del cuerpo mediante aberturas circulares, incorporar formas acolchadas o utilizar cortes amplios que permitían que varias personas compartieran una misma pieza. En algunos de sus happenings y desfiles, la ropa se convirtió prácticamente en una extensión de la performance.
El contexto resulta importante. Nueva York atravesaba una transformación cultural marcada por la contracultura, la revolución sexual y el cuestionamiento de las normas sociales. Yayoi Kusama tomó esos cambios y los llevó a un terreno propio, utilizando el cuerpo desnudo, los lunares, las repeticiones y la ropa como elementos de una misma obra.
Entre las piezas de aquella época se encuentra un vestido de alrededor de 1968 cubierto con formas textiles acolchadas y pintadas a mano. La prenda pertenece a una etapa en la que Yayoi Kusama comenzó a borrar las fronteras entre una obra de arte y un objeto cotidiano.
Los lunares todavía no eran un producto de lujo
Hoy, un estampado de Yayoi Kusama puede aparecer sobre un bolso de Louis Vuitton y ser reconocido inmediatamente como una pieza de lujo. En los años sesenta, los lunares tenían otro significado. Para la artista japonesa, la repetición funcionaba como una forma de cubrir superficies y alterar la percepción del cuerpo. El patrón podía extenderse sobre una pintura, una escultura, una habitación o una persona. Llevarlo sobre una prenda implicaba trasladar esa misma lógica al espacio cotidiano.
Ahí está una de las razones por las que su trabajo resulta tan relevante para la moda contemporánea: Yayoi Kusama entendió muy pronto que una identidad visual podía viajar entre disciplinas sin perder reconocimiento. La ropa no necesitaba abandonar su condición artística para convertirse en un medio accesible.