Del collar de María Félix al broche de la Duquesa de Windsor: los tesoros que guarda la Colección Cartier

Más de 3 mil 500 piezas forman parte del archivo vivo de Cartier. Entre ellas destacan joyas legendarias que pertenecieron a actrices, aristócratas y algunas de las mujeres más influyentes del siglo XX

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Del collar de María Félix al broche de la Duquesa de Windsor: los tesoros que guarda la Colección Cartier

Cortesía

No todas las joyas están destinadas a una vitrina. Algunas terminan convirtiéndose en símbolos culturales capaces de contar la historia de una época, de una personalidad o incluso de una forma de entender el lujo. Esa es la premisa detrás de la Colección Cartier, un extraordinario conjunto de más de 3 mil 500 creaciones que la maison ha reunido durante décadas para preservar casi 180 años de diseño, artesanía e innovación. Dentro de ese universo destacan piezas cuya fama ha trascendido el mundo de la alta joyería para convertirse en
auténticos objetos de culto.

El collar de cocodrilos de María Félix

Pocas joyas están tan ligadas a una personalidad como el célebre collar de cocodrilos creado para María Félix en 1975. La actriz mexicana, conocida por su carácter indomable y su gusto por las piezas extraordinarias, encargó a Cartier una creación que reflejara su fascinación por los reptiles.
El resultado fue un collar compuesto por dos cocodrilos completamente articulados, elaborados en oro amarillo y adornados con más de mil diamantes amarillos intensos y más de mil esmeraldas. Cada animal puede separarse y utilizarse individualmente como broche, una característica que demuestra el nivel técnico alcanzado por los talleres de la maison.
Más allá de sus impresionantes materiales, la pieza se convirtió en una extensión de la propia imagen de María Félix. Su presencia teatral, sus dimensiones monumentales y la complejidad de su construcción la han transformado en una de las joyas más reconocibles de la historia de Cartier.

El broche Pantera de la Duquesa de Windsor

Si existe un animal inseparable de Cartier, es la pantera. Y ninguna pieza resume mejor esa relación que el célebre broche creado en 1949 para Wallis Simpson, Duquesa de Windsor.
La joya representa una pantera tridimensional posada sobre un enorme zafiro de Cachemira de más de 152 quilates. El felino está cubierto por diamantes y zafiros que reproducen las manchas características del animal, mientras que los ojos aparecen representados mediante diamantes amarillos.
La pieza fue concebida en colaboración con Jeanne Toussaint, directora creativa de Cartier y responsable de consolidar el lenguaje visual de la pantera dentro de la maison. Décadas después, sigue siendo considerada una de las creaciones más influyentes de la historia de la joyería moderna y una de las favoritas en las exposiciones internacionales de Cartier.

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El broche Pantera de la Duquesa de Windsor

Cartier

El collar Tutti Frutti de Daisy Fellowes

Antes de que el maximalismo regresara a las pasarelas, Cartier ya experimentaba con explosiones de color. Una de las mejores pruebas es el collar Tutti Frutti realizado para Daisy Fellowes, heredera de la fortuna Singer y figura central de la alta sociedad parisina.
La pieza reúne esmeraldas, rubíes y zafiros tallados en formas vegetales, combinados con diamantes y cuentas preciosas. El resultado es una composición vibrante inspirada en las influencias indias que marcaron algunas de las creaciones más innovadoras de Cartier durante el siglo XX.
La propia Daisy Fellowes era conocida por desafiar las convenciones de la elegancia tradicional, razón por la que esta joya se convirtió en una extensión perfecta de su personalidad. Hoy continúa siendo una de las piezas más admiradas por historiadores, coleccionistas y amantes de la alta joyería.

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El collar Tutti Frutti de Daisy Fellowes

Cartier

El primer reloj misterioso Portique

Entre las piezas más fascinantes de la colección no solo hay joyas. También destacan los célebres relojes misteriosos de Cartier, considerados auténticas proezas mecánicas.
Uno de los más importantes es el primer reloj misterioso Portique, realizado en 1923. Su diseño reproduce la silueta de un portal inspirado en la arquitectura japonesa, mientras que sus manecillas parecen flotar en el aire sin conexión visible con ningún mecanismo.
La complejidad técnica de estas creaciones contribuyó a consolidar la reputación de Cartier como una casa capaz de combinar arte, diseño e innovación relojera en una misma pieza. De hecho, fue la adquisición de uno de estos relojes en una subasta de Ginebra, en 1973, la que dio origen a la actual Colección Cartier.

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El primer reloj misterioso Portique

Cartier

Una colección que funciona como un museo sin paredes

A diferencia de otras colecciones patrimoniales, la de Cartier no permanece encerrada en un único espacio. Sus piezas viajan constantemente a instituciones culturales de todo el mundo, desde el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York hasta el Museo del Palacio de Bellas Artes en Ciudad de México, permitiendo que nuevas generaciones descubran algunas de las creaciones más importantes de la historia de la joyería.
Más que un archivo de objetos preciosos, la Colección Cartier se ha convertido en una memoria viva del diseño. Cada collar, reloj, broche o tiara conserva las huellas de quienes los llevaron y de las épocas que ayudaron a definir. Esa combinación de artesanía, historia y personalidad es precisamente lo que transforma a estas piezas en mucho más que joyas: auténticos tesoros culturales.

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