El lujo ya no se define por la perfección industrial, sino por todo lo que no puede repetirse. En ese cambio de lógica se inscribe el nuevo proyecto de Audemars Piguet, presentado en Watches & Wonders 2026 bajo el nombre Atelier des Établisseurs. Más que una colección, se trata de una forma distinta de entender cómo se crea —y por qué importa— un objeto.
La idea parte de un sistema histórico: el établissage, una estructura del siglo XVIII en la que distintos artesanos trabajaban de manera independiente en componentes específicos de un reloj, que después se ensamblaban en una pieza final. Ese modelo, que dio origen a la relojería suiza moderna, regresa ahora reinterpretado como una declaración contemporánea.
En lugar de centralizar todo el proceso, el Atelier des Établisseurs propone lo contrario. Grabadores, esmaltadores, lapidarios, diseñadores y relojeros trabajan en conjunto, cada uno desde su especialidad, para dar forma a piezas producidas en cantidades muy limitadas. El resultado no es homogéneo, ni busca serlo. Cada reloj responde a una suma de sensibilidades más que a una línea de producción.
Esta lógica se aleja de la noción tradicional de lujo como objeto pulido hasta la uniformidad. Aquí, lo valioso está en la variación, en los pequeños desajustes que surgen cuando algo pasa por múltiples manos. También en el tiempo ya que no hay prisa por terminar una pieza cuando lo que está en juego es preservar técnicas que, en muchos casos, se transmiten de forma oral y corren el riesgo de desaparecer.
Las primeras creaciones del proyecto funcionan como ejemplos de esa intención. No están pensadas para competir entre sí, sino para mostrar distintas formas de abordar la relojería desde lo artesanal.
Établisseurs Galets
Inspirado en las piedras pulidas por el agua del Valle de Joux, este modelo se construye a partir de formas irregulares que se repiten sin ser idénticas. El brazalete, compuesto por eslabones que recuerdan guijarros, se mueve con una fluidez poco habitual, más cercana a una pieza de joyería que a un reloj tradicional. La esfera, realizada en piedra natural, elimina cualquier elemento superfluo para dejar que el material sea el protagonista.
Établisseurs Nomade
Aquí la idea cambia, pues el reloj deja de ser fijo. Puede colocarse sobre una superficie, llevarse como colgante o guardarse como objeto personal. Su estructura permite distintas posiciones, lo que transforma la relación con quien lo usa. No es un accesorio estático, sino un objeto que se adapta al contexto. La combinación de metal facetado y piedra refuerza esa sensación de pieza construida a partir de contrastes.
Établisseurs Peacock
La propuesta más expresiva del conjunto funciona casi como una pieza escénica. Cerrado, el reloj se presenta como una forma compacta; al abrirse, revela una composición inspirada en un pavo real, con detalles esmaltados, grabados y engastados a mano. La mecánica queda parcialmente oculta, no como limitación, sino como parte del juego entre lo visible y lo secreto.
Más allá de sus diferencias, los tres modelos comparten una misma postura: no están diseñados para multiplicarse. Incluso cuando existen variaciones, cada pieza mantiene un grado de singularidad que la aleja de cualquier lógica de serie.
Ese es, en realidad, el punto más relevante del proyecto. En un momento donde la producción puede escalarse casi sin límites, Audemars Piguet decide reducirla. Apostar por lo irrepetible implica renunciar a la consistencia absoluta, pero también recuperar algo que la industria había dejado de lado como la idea de que un objeto puede ser resultado de muchas manos, muchos tiempos y muchas decisiones.
El Atelier des Établisseurs no propone volver al pasado. Propone tomar lo que hacía valiosa a la relojería en sus orígenes y situarlo en el presente, donde el lujo ya no necesita explicarse en números, sino en procesos.