Por: Alexis Mustri
Ciertos lugares no solo se visitan, se quedan grabados en la memoria a través del diseño. Tras conquistar ciudades como París, Londres y Venecia, Experimental Group llega a Italia con un proyecto que traslada su particular visión de la hospitalidad a la capital del país.
Fundado en París en 2007, Experimental Group es un grupo francés de hospitalidad que reúne hoteles, bares de cócteles y restaurantes con una identidad propia. Su propuesta combina diseño, gastronomía y cultura local, con espacios que buscan conectar con el carácter de cada destino y ofrecer una experiencia que va más allá del alojamiento.
Ubicado en la céntrica Via Ludovisi, a escasa distancia de Piazza di Spagna y de la emblemática Vía Veneto, el hotel transforma una antigua sede bancaria en un espacio que reúne 82 cuartos, el restaurante Ludovisi e Cadore, el Cocktail Club y una azotea con alberca y vistas de la ciudad.
Rodolphe se ha dedicado a proyectos de arquitectura de interiores, mobiliario y diseño para espacios residenciales y comerciales, hoteles y restaurantes. Su lenguaje creativo combina referencias históricas, materiales expresivos y una especial atención a la luz, con una aproximación etnográfica que busca dar una identidad propia a cada espacio.
En este proyecto, combina referencias al cine italiano, influencias del diseño de las décadas de los 50, 60 y 70 y una cuidada selección de materiales y texturas, y el resultado es el equilibrio entre teatralidad e intimidad, memoria y modernidad.
Su propuesta destaca por reinterpretar la identidad romana en los espacios del hotel, así que hablamos con él sobre su colaboración con Experimental, la dimensión más íntima deRoma y el papel de la luz y los materiales en la creación de atmósferas.
Tu trayectoria con Experimental está marcada por la creación de espacios con una identidad propia. ¿Cómo describirías esta colaboración?
Para mí, trabajar con Experimental significa iniciar una conversación sobre cómo dotar aun lugar de una personalidad marcada y una narrativa propia, creando al mismo tiempo una experiencia acogedora y glamurosa. Hay espacio para la curiosidad, la intuición y cierta libertad para evitar cualquier forma de conformidad.
En Roma, quería explorar una expresión más introspectiva de ese espíritu con espacios públicos animados y expresivos y recorridos espaciales audaces, equilibrados con habitaciones más tranquilas e íntimas. La experiencia del hotel se despliega a través de estos cambios de atmósfera. También es un diálogo entre una perspectiva francesa y una sensibilidad italiana, con cierta irreverencia que forma parte del ADN del grupo.
Cuando visitaste el edificio por primera vez, ¿qué detalle o cualidad del espacio te hizo pensar que querías diseñarlo?
La azotea y su panorámica sobre los tejados de Roma. Las vistas de San Pedro, Villa Borghese y el Instituto Suizo me hicieron querer crear de inmediato un lugar teatral y alegre. Al contemplar ese paisaje, imaginé un espacio donde la gente pudiera disfrutar de la ciudad, su luz y su energía, con una sensación de ligereza.
¿Hubo algún aspecto de Roma o de Via Veneto que te sorprendiera al sumergirte en el proyecto?
Lo que me interesó fue la intimidad que existe junto a la grandeza de Roma. La mirada se dirige de forma natural hacia los monumentos, pero la ciudad tiene otra escala: un patio interior, una cortina, una mirada fugaz a través de una puerta. Via Veneto posee una mitología cinematográfica tan poderosa que quise explorar lo que podría esconderse detrás de esa imagen. El proyecto se inspira en esta coexistencia entre belleza y fantasía, teatralidad e intimidad.
¿Hay algún detalle de diseño o pieza a medida del hotel que los huéspedes puedan pasar por alto, pero que requirió una gran destreza artesanal?
En el Cocktail Club, los paneles de madera lacada juegan con la luz natural filtrada. Susreflejos aportan al espacio una profundidad casi irreal, muy cinematográfica. Ese efecto depende de la precisión de los acabados y de la carpintería, así como de la forma en que cada superficie capta la luz. Es una artesanía discreta, casi invisible, pero es lo que confiere a la estancia su carácter único.
La luz y la sombra desempeñan un papel fundamental y casi escultórico en tu trabajo. ¿Cómo concebiste la iluminación para pasar de la suavidad de un café matutino al glamour de un cóctel nocturno?
Abordé la luz como un material más, junto a la piedra, la laca y los tejidos. Durante el día, la luz natural revela las texturas y aporta a los espacios una atmósfera más suave y abierta, pero al llegar la noche, puntos de luz más cálidos y concentrados crean zonas de intimidad alrededor de un sillón, una mesa o una copa.
Además, los materiales participan en esa transformación. La laca, el metal y la piedra pulida captan pequeños reflejos, mientras que los tejidos absorben la luz y profundizan las sombras. En el Cocktail Club, estos contrastes aportan una sensación de glamour, y dejar determinadas zonas en penumbra también ayuda a preservar el misterio del espacio.
Después de dedicar tanto tiempo a crear este universo, ¿a qué espacio o momento del hotel regresas personalmente?
Al restaurante Ludovisi e Cadore, a la mesa de Giovanni Passerini, durante el almuerzo. Es un momento profundamente romano, ya que la cocina de Giovanni es generosa, está arraigada en el producto y carece de artificios, lo que aporta al lugar un ritmo cotidiano, casi familiar.
Después de todo el trabajo dedicado a los interiores y a la atmósfera, es ahí donde puedo comprobar si el hotel funciona de verdad, cuando se convierte, sencillamente, en un lugar en el que apetece quedarse.
DÓNDE: Experimental Roma. Via Ludovisi, 46, 00187 Roma, Italia.
Más información y reservas en experimentalroma.com.