Ibiza para los amantes del slow living y el lujo consciente

Lejos de las discotecas, el norte de la isla guarda otra Ibiza: la de los olivos, los mercaditos artesanales, los atardeceres al ritmo de tambores y una cocina que empieza en la tierra. Aquí una guía para viajarla con calma

Ibiza's Summer Season At Risk Despite Easing Lockdown

Ibiza para los amantes del slow living y el lujo consciente

Andres Iglesias/Getty Images

Por: Georgina Villa

Existe una Ibiza que rara vez aparece en las redes sociales. No es la de los DJsni la de los yates, sino una más antigua y discreta: la del norte de la isla, donde desde los años cincuenta se han refugiado artistas, creativos, músicos y viajeros de todo tipo, atraídos por la luz, la belleza y el ritmo natural de las estaciones. Aquí, entre pueblos blancos y colinas de pinos, sobrevive un espíritu comunitario y una actitud de “vivir y dejar vivir” que nos transporta a la Ibiza más tradicional. Es, sin duda, el destino para quienes viajan buscando bajar el ritmo, reconectar con la naturaleza y entender el lujo como tiempo, no como decibeles. Bienvenidos a la isla del slow living.

The Farm: El secreto mejor guardado

El mejor punto de partida para entender esta filosofía está tierra adentro. Se llama Can Tanca, aunque es conocida como The Farm: una finca agrícola de 12 hectáreas al norte de Santa Gertrudis, levantada sobre un lagar de aceite de olivo de 400 años, y hoy corazón agrícola del hotel Six Senses Ibiza. Una Casa Blanca ibicenca con alberca y campos de cultivo, y una invitación abierta a ensuciarse las manos.
Por las mañanas, Kobi, el alma de la granja, sube a su tractor y arranca la cosecha del día: pepinos, jitomates, calabazas, coliflores y, con suerte, una que otra sandía. Mientras avanza el recorrido, nos cuenta historias de sus viajes y aventuras por el mundo, y nos guía a través de un tour olfativo entre hierbas: lemongrass, romero, lavanda. “Amo mi trabajo, soy el más afortunado”, nos dice. Después señala las plantas que su colega Beatriz transformará en aceites y creaciones florales: “Yo hago la parte de la tierra y ella se encarga de hacerlo bello”. El soundtrack lo pone el campo: el viento y el zumbido de las abejas, que se dan un festín entre girasoles y pasillos de lavanda antes de volver a sus colmenas, donde se produce la miel de la casa.

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The Farm

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Al final del recorrido está el santuario de erizos de Can Hog, la asociación local que rescata y cuida a estos pequeños habitantes de la isla. Quien ha manejado por Ibiza sabe lo fácil que es encontrarlos cruzando carreteras. Adila Hiam, su fundadora, llega con cuatro erizos bebé de apenas unas semanas, listos para su biberón. Fundada en 2017, Can Hog es el único refugio licenciado de la isla para esta especie autóctona y amenazada; solo en 2024 rehabilitó y liberó más de setecientos de estos animalitos.

Y justo cuando uno empieza a preguntarse si ya será hora de comer, aparece la respuesta: una mesa de madera en medio del campo, a la sombra de un árbol. Llegan entonces los platillos, preparados con los mismos ingredientes que acabas de ver salir de la tierra, de las cosechas del huerto a las brasas.

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The Farm

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Pero The Farm no es una experiencia culinaria: es un programa entero para vivir despacio. Esta casita te permite recorrer la granja, cosechar, aprender a preparar el flaó tradicional y las hierbas ibicencas y practicar actividades como yoga, breathwork y meditación entre los cultivos. En 2026 estrena, además, un Artist in Residence Programme: un espacio de residencia y galería donde arte, naturaleza y sostenibilidad dialogan en obras creadas in situ.

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Caroline Rennequin, artista en residencia en The Farm en colaboración con Galeria Tambien

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Las calas del norte

En esta zona, encuentras un mar distinto al del sur: sin música a todo volumen ni sombrillas apretadas. Cala Xarraca, en el extremo norte, es una bahía de aguas cristalinas y fondos color turquesa, ideal para nadar y hacer snorkel al atardecer. Muy cerca, Cala d’en Serra es una cala virgen a la que se llega por un camino de tierra, con las ruinas de un hotel que nunca se terminó como telón de fondo, un lugar donde el plan es simplemente no tener plan. Y para los que buscan el rincón más escondido, S’Illot des Rencli que tiene un chiringuito de pescado fresco para no perderse, frente a un islote diminuto.

Domingos en Sant Joan de Labritja

Los domingos, el pueblo de Sant Joan de Labritja se despierta con su mercadito, un plan mucho más local que los grandes mercados turísticos de la isla. De diez de la mañana a media tarde, puedes encontrar piezas de cerámica, productos de temporada, ropa y artesanías, todo esto con música en vivo. Y si buscas una opción más vibrante, a pocos minutos se encuentra Las Dalias, el mercado hippie más histórico de Ibiza (funciona desde 1985), reúne más de doscientos puestos y es una parada obligada los sábados para quien quiera entender de dónde viene el alma bohemia del norte.

Los tambores de Benírras

Ningún día de slow living en el norte se cierra mejor que en Cala Benírras. Esta pequeña cala orientada al oeste, entre Sant Miquel y Sant Joan, es famosa por un ritual que nació en los años noventa: al caer la tarde, un grupo de tambores se reúne para despedir al sol frente al islote de Cap Bernat, conocido como el dedo de Dios. Aunque esta fiesta fue restringida desde 2020 para proteger la cala de las masas; hoy los tambores suenan de forma más informal e íntima casi cada tarde, empezando unos minutos antes de la puesta de sol. No es un concierto ni un espectáculo pagado: es un rito colectivo, gratuito y espontáneo, en el que cualquiera puede tocar o, simplemente, sentarse en las rocas a dejarse llevar por el ritmo.

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Dónde quedarse: Six Senses Ibiza

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Dónde quedarse: Six Senses Ibiza

Y para dormir en el corazón de todo esto, el norte tiene su gran anfitrión. Asomado a la bahía de Cala Xarraca, en Portinatx, Six Senses Ibiza fue el primer hotel de la marca en Europa y se ha convertido en una referencia del turismo consciente. Sus 116 habitaciones y suites, repartidas en unas 20 hectáreas, se funden con el paisaje gracias a una arquitectura de inspiración finca y materiales locales, con acentos en tonos tierra y grandes ventanales al mar. Las más singulares son las Cave Suites, excavadas en el acantilado, con terrazas que descienden hasta el agua. El resto de la propuesta gira en torno al bienestar: un spa de 1,200 m² que alberga el RoseBar, un club de longevidad que combina diagnóstico, nutrición y terapias, además de yoga, sound healing y rituales al atardecer. La misma filosofía de The Farm, en clave de hospitalidad: el lugar donde quedarse cuando lo que se busca es, vivir la isla despacio y de forma consciente.

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Six Senses

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La cocina, fiel a la filosofía farm-to-fork, se reparte entre varios restaurantes que se nutren del producto de The Farm. En The Farmers’ Market el día arranca con desayunos de cocina balear elaborados con ingredientes recién cosechados en Can Tanca y una vista espectacular al mar mediterráneo. The Orchard rinde homenaje a Italia con una carta pensada para compartir en familia. Partal propone una cocina española con alma, que mezcla los ritmos del sur peninsular con sutiles guiños norteafricanos, inspirada en el palacio nazarí de la Alhambra. The Beach Caves es el espacio más vibrante y ecléctico, de cocina latinoamericana, música y reuniones animadas frente al mar. Y el Pharmacy Bar, pasa del mocktail by the pool por el día a los cócteles de autor al caer la tarde.

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Restaurante The Orchard

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En un mundo que corre, el norte de Ibiza propone lo contrario: cosechar antes de comer, escuchar los tambores hasta que se apague la luz, dejar que el día lo marquen el sol y las estaciones. No se trata de hacerlo todo, sino de estar presente en lo poco que se hace. Esa, quizá, es la verdadera lección de la isla: que viajar despacio no es hacer menos, sino sentir más.

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