Zendaya lleva el corsé anatómico de Schiaparelli que marca el regreso de la silueta escultórica

El diseño que Schiaparelli llevó de la pasarela a la alfombra roja propone una nueva forma de entender la sensualidad. En lugar de recurrir a transparencias o escotes extremos, apuesta por la arquitectura del cuerpo como recurso estético

"The Odyssey" World Premiere - Arrivals

Zendaya lleva el corsé anatómico de Schiaparelli que marca el regreso de la silueta escultórica

Karwai Tang/WireImage

El corsé anatómico ha dejado de ser una pieza concebida para moldear la silueta y se ha transformado en un ejercicio de escultura aplicado a la moda. El vestido que Zendaya eligió para la premiere de The Odyssey en Londres, recién presentado en la colección Schiaparelli Haute Couture Otoño-Invierno 2026, resume esa evolución con precisión. Su bustier reproduce el torso femenino mediante una estructura rígida de acabado mate, mientras una falda completamente bordada con cuentas aporta movimiento y brillo. El resultado no busca revelar más piel, sino reinterpretar el cuerpo como un volumen artístico.

La propuesta marca una diferencia respecto a la dirección que dominaron las alfombras rojas durante los últimos años. El llamado naked dress, construido a partir de transparencias, encajes y tejidos casi invisibles, convirtió la exposición del cuerpo en el principal recurso de impacto visual. Schiaparelli plantea otro camino. La sensualidad ya no depende de cuánto se muestra, sino de cómo se construye la silueta. El vestido no imita la anatomía de manera literal; la abstrae, la exagera y la convierte en una pieza escultórica que dialoga con el arte contemporáneo.

Esa manera de entender el diseño tiene raíces profundas en la historia de la maison. Elsa Schiaparelli fue una de las primeras creadoras en incorporar el surrealismo a la moda durante las décadas de 1930 y 1940. Su colaboración con artistas como Salvador Dalí dio origen a prendas que desafiaban la lógica tradicional del vestir mediante ilusiones ópticas, formas inesperadas y referencias al cuerpo humano. Daniel Roseberry, director creativo de la firma desde 2019, ha retomado ese legado desde una perspectiva contemporánea, utilizando materiales de alta tecnología y técnicas de alta costura para convertir el cuerpo en el punto de partida del diseño.

El corsé anatómico también responde a un cambio más amplio dentro de la industria del lujo. Después de varias temporadas dominadas por el minimalismo y la discreción, la alta costura vuelve a reivindicar el trabajo artesanal como protagonista. En lugar de confiar únicamente en un tejido espectacular o en un color llamativo, estas piezas requieren procesos complejos de modelado, patronaje y construcción tridimensional. El vestido adquiere valor por la manera en que fue concebido, no únicamente por su apariencia final.

Otro aspecto interesante es la relación entre rigidez y movimiento. Mientras el bustier permanece completamente estructurado, la falda bordada con miles de cuentas genera una sensación fluida que acompaña el desplazamiento del cuerpo. Ese contraste evita que la prenda resulte estática y aporta equilibrio visual. La parte superior funciona como una escultura; la inferior recuerda el dinamismo de los vestidos de noche clásicos. Ambas dialogan sin competir entre sí.

Zendaya también desempeña un papel importante en la consolidación de esta tendencia. Bajo la dirección de su stylist, Law Roach, la actriz ha construido una narrativa en la que la alfombra roja funciona como una extensión de la pasarela. Sus elecciones rara vez responden únicamente a criterios estéticos; suelen introducir conversaciones sobre diseño, historia de la moda y artesanía. Llevar un look recién presentado en alta costura convierte cada aparición pública en una oportunidad para amplificar las ideas que las maisons desarrollan sobre el desfile.

El interés por este tipo de siluetas no se limita a Schiaparelli. Firmas como Mugler, Iris van Herpen y Robert Wun también han explorado el cuerpo desde una perspectiva arquitectónica, utilizando materiales moldeados, impresión tridimensional y estructuras que desafían la idea tradicional del vestido. Sin embargo, el trabajo de Schiaparelli destaca por mantener un vínculo constante con el surrealismo, una identidad que distingue claramente sus propuestas dentro de la alta costura contemporánea.

Esta evolución también refleja un cambio cultural. Durante años, la conversación sobre la sensualidad femenina estuvo asociada a prendas cada vez más reveladoras. Hoy comienza a cobrar fuerza otra interpretación, donde el atractivo surge de la construcción, la técnica y el diseño. El vestido deja de funcionar únicamente como una segunda piel para convertirse en una pieza artística que modifica la percepción del cuerpo sin necesidad de ocultarlo ni exhibirlo de manera explícita.

La elección del color refuerza esa lectura. El blanco mate del corsé recuerda materiales como la porcelana, el yeso o el mármol, elementos históricamente vinculados a la escultura clásica. En contraste, la falda degradada hacia tonos plateados incorpora destellos que aportan ligereza y profundidad. La combinación establece un diálogo entre lo estático y lo dinámico, entre la tradición escultórica y la alta costura contemporánea.
Más que anunciar el regreso de un corsé, este diseño plantea una nueva forma de entender la relación entre moda y cuerpo.

La estructura deja de tener como objetivo corregir o transformar la figura para convertirse en un lenguaje creativo. En un momento en que las casas de moda buscan ofrecer experiencias visuales capaces de trascender las redes sociales, el corsé anatómico demuestra que la innovación no siempre consiste en mostrar más, sino en encontrar nuevas maneras de construir belleza a través del diseño.

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