Las conversaciones sobre nutrición suelen cambiar con cada década. Lo que una generación considera saludable, la siguiente lo pone en duda. Por eso resulta tan interesante revisar los hábitos alimenticios de las figuras más famosas del siglo XX: no solo revelan cómo se entendía la alimentación en su época, también muestran hasta qué punto las tendencias actuales son más recientes de lo que parecen.
Con motivo del centenario del nacimiento de Marilyn Monroe, una de las entrevistas más comentadas de su carrera vuelve a llamar la atención por un detalle inesperado. En septiembre de 1952, la actriz escribió un artículo para la revista Pageant titulado How I Stay in Shape, donde describió con total naturalidad su rutina de ejercicio, descanso y alimentación. Lo que más sorprende hoy es la primera comida de su día.
En el texto, Marilyn Monroe reconocía que muchas personas consideraban sus hábitos alimenticios absolutamente extraños. Su desayuno consistía en una taza de leche caliente a la que añadía dos huevos crudos. Mezclaba ambos ingredientes con un tenedor y los bebía mientras terminaba de arreglarse por la mañana. Después tomaba una pastilla multivitamínica. Según sus propias palabras, dudaba que algún médico pudiera recomendar un desayuno más nutritivo para una mujer trabajadora con poco tiempo.
Vista desde 2026, la combinación resulta llamativa por varias razones. En primer lugar, porque los huevos crudos han dejado de ser una práctica habitual debido a los riesgos sanitarios asociados a su consumo. En segundo lugar, porque se parece más a una bebida hiperproteica que a los desayunos equilibrados que suelen recomendarse actualmente.
Sin embargo, la rutina alimenticia de Marilyn Monroe no terminaba ahí. En la misma publicación explicaba que sus cenas eran igual de sencillas. Solía comprar un filete, chuletas de cordero o hígado, que cocinaba ella misma, y los acompañaba con cuatro o cinco zanahorias crudas. La actriz incluso bromeaba con que debía ser parte conejo porque nunca se cansaba de comerlas.
Hay otro detalle que rompe con muchos estereotipos sobre las celebridades de la época. Aunque su alimentación era alta en proteína y bastante limitada en variedad, no eliminaba por completo los postres. Marilyn Monroe contó que, después de sus clases nocturnas de actuación, tenía la costumbre de detenerse en una heladería para pedir un sundae de chocolate caliente. Consideraba que podía permitirse ese gusto porque el resto de su dieta estaba compuesta principalmente por alimentos ricos en proteína.
Más de siete décadas después, la entrevista sigue siendo un documento fascinante porque muestra a una de las mujeres más fotografiadas de la historia hablando de comida sin lenguaje técnico, sin reglas estrictas y sin la obsesión contemporánea por registrar cada caloría. Su desayuno puede parecer extraño hoy, pero ofrece una ventana poco conocida a la vida cotidiana detrás del mito.