En una temporada dominada por glosses translúcidos y rosas suaves, Audrey Nuna eligió ir en dirección opuesta. Su aparición en la alfombra roja de los BAFTA 2026 con un labial azul marino casi negro no fue un simple gesto estético: fue una declaración de precisión. El contraste entre su piel luminosa y ese tono profundo creó una imagen nítida, estructurada y difícil de ignorar.
El color —un azul tinta con matiz nocturno— se aleja del clásico borgoña o ciruela que suele asociarse a los labios oscuros. Aquí no hay romanticismo evidente; hay control. El acabado mate intensifica el efecto gráfico y convierte la boca en el punto focal absoluto del rostro.
La piel, trabajada con un acabado satinado y rubor difuminado, equilibra la intensidad del labial. Las cejas peinadas hacia arriba aportan estructura sin endurecer la expresión. El resultado es una armonía precisa entre suavidad y carácter. Este tipo de elección requiere técnica: los tonos oscuros no perdonan contornos irregulares ni textura mal preparada. La clave está en una hidratación previa meticulosa, delineado exacto y aplicación en capas finas para lograr uniformidad.
Más allá del momento puntual, el gesto de Audrey Nuna confirma un giro interesante en las tendencias beauty: el regreso del dramatismo bien ejecutado. Los labios profundos vuelven, pero en versiones más sofisticadas y menos teatrales. Se trata de pigmentos densos con subtonos fríos —azules, morados casi negros, vinos oscuros— que funcionan especialmente bien con pieles luminosas y estilismos de líneas limpias.
Este tipo de labial también dialoga con la moda. En su look, el contraste entre la textura romántica del cuello estructurado y el impacto cromático de los labios crea una tensión visual inteligente.
Adoptar un tono tan intenso implica seguridad. No es un color que se elija para pasar desapercibida. Requiere precisión al aplicarlo y confianza para sostenerlo, pero cuando se ejecuta con la técnica adecuada, transforma por completo la narrativa del rostro.
El mensaje es claro: los labios oscuros no pertenecen únicamente a la noche ni a estaciones frías. En la versión que propone Audrey Nuna, se convierten en un recurso contemporáneo, pulido y perfectamente alineado con una estética que privilegia la fuerza visual sin perder sofisticación.