Los pueblos fantasmas de Latinoamérica que nunca te atreverías a visitar

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No hace falta esperar a Halloween para embarcarse en excursiones de miedo... Por todo el mundo encontramos lugares fantasmagóricos, rodeados de leyendas y de historias que no son muy amistosos con la paz y tranquilidad. Sin embargo, es en América Latina donde encontramos algunos de los más hermosos, perdidos entre selvas, al abrigo del océano, en montañas de difícil acceso… los hay para todos los gustos. Si en lo que queda de este verano te decides a visitar esa parte del mundo, una buena idea es añadir un poco de adrenalina temeraria a nuestra ruta y hacer una pequeña visita. Si es que las leyendas no nos asustan mucho, claro. Estos son los que no te puedes perder.
  • San Juan Parangaricutiro (México)

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La erupción del volcán Paricutín en 1943 convirtió un recoleto pueblo de 20.000 habitantes en una colada inmensa de lava que, al solidificar, dejó un paisaje dantesco en el que surge, hierático, el campanario de su iglesia principal. No hubo que lamentar ninguna muerte porque todos los habitantes se trasladaron a tiempo. Ellos mismos construyeron un nuevo pueblo a pocos kilómetros, una localidad que bautizaron como Nuevo San Juan Parangaricutiro. Se encuentra en el estado de Michoacán y es uno de los destinos preferidos de los que buscan las fotos más raras.

  • Campanópolis (Argentina)

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En 1976, el empresario Antonio Campana compró unos terrenos y levantó una ciudad de estilo medieval a la que llamó Campanópolis. Está en la provincia de Buenos Aires y el millonario dedicó todos sus recursos a construir este sueño antes de morir. Los edificios están hechos principalmente con materiales recuperados de la demolición de otros edificios. Además, una parte importante de la aldea está hecha de materiales recolectados de líneas de ferrocarril obsoletas. Aunque sigue siendo gestionada por la familia, esta ciudad fantasma aun no se ha completado y sus curiosas casas se mantienen sin vida en su interior.
  • Chuquicamata (Chile)
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La apertura de la mina de cobre a cielo abierto más grande del mundo (800 hectáreas) fue el motivo para la creación de este pueblo en Chile. Aunque la mina sigue en pleno rendimiento, esta localidad, que llegó a albergar a 25.000 personas, se convirtió en todo un peligro. En 2007 se declaró que el lugar estaba saturado de materiales tóxicos como anhídrido sulfúrico y arsénico. Todos sus habitantes fueron trasladados a la localidad cercana de Calama, donde se construyeron casas para realojarlos. A 4.000 metros de altura, sus casas, plazas, hospitales e iglesias se encuentran cerradas para siempre, pero sigue siendo un lugar visitable. Eso sí, mucho mejor con una mascarilla.

  • La Siberia (Colombia)

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Bajo el enigmático nombre de La Siberia se encuentra un poblado que surgió junto a la iniciativa industrial de la cementera Samper, la primera que se creó en Colombia. Era 1933 y se levantaron toda una suerte de edificios que incluía tres grandes hornos, además de los edificios administrativos, viviendas, iglesia, hospital... La fábrica fue clausurada en 1999 y, poco a poco, todo el mundo se fue, dejando el lugar inhóspito. Prácticamente todo está en ruinas, con la vegetación haciéndose la dueña del terreno. La zona del antiguo hospital, como es lógico, acoge historias fantasmagóricas de todo tipo. Se oyen pasos, se ven fantasmas de enfermeras... Un pueblo para pasar miedo.

  • Villa Epecuén (Argentina)

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Villa Epecuén estaba destinado a ser un pueblo que desapareciera para siempre del mapa. Su lago, famoso por poseer 10 veces más sal que el océano, superó su capacidad hasta el punto de desbordarse y arrasarlo todo en 1985. El pueblo quedó bajo las aguas. Una pena porque era toda una ciudad balneario. Sin embargo, años después, las aguas empezaron a retirarse en parte, dejando de nuevo el pueblo a la vista, aunque en un escenario dantesco y desolador. Restos de coches, electrodomésticos en medio de las calles, caos... un paisaje nada alegre. No está lejos de Buenos Aires.

  • Fordlandia (Brasil)

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El empresario norteamericano Henri Ford quiso producir caucho en medio del Amazonas brasileño, y así quitarle a británicos y holandeses el monopolio de esta materia prima tan importante para los automóviles. Lo hizo en la década de los años 30, pero los habitantes de la ciudad que creó para ello, Fordlandia, no fueron capaces de cultivar caucho, lo que provocó unas pérdidas multimillonarias. El proyecto fue desechado, lo que provocó un éxodo masivo y rápido, dejando la ciudad como si de un cataclismo se tratara. Es posible acercarse a visitarla, algo que el propio Ford nunca hizo porque era temeroso de las enfermedades tropicales.

  • Ojuela (México)

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El conquistador español Francisco de Ojuela descubrió la riqueza mineral que existía entre los cerros de lo que fundaría como poblado minero. Siglos después, seguía siendo una localidad próspera en lo que a la extracción minera se refiere, con plata, oro, zinc… en sus cavidades. Una horrible tormenta inundó la mina principal dejándola inutilizable, lo que provocó su cierre y el éxodo de la población. Hoy la antigua Ojuela es un pueblo fantasma en el que el turista no se pierde un puente colgante de 318 metros de largo construido en 1892 sobre un barranco de 95 metros de profundidad.

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