Hay una expectativa casi automática alrededor de la comida en Semana Santa: mesas donde el pescado domina, recetas que pasan de generación en generación y un menú que parece inamovible, pero para quienes viven con alergia al pescado, este momento del año implica algo más que elegir platillos: requiere estrategia, información y, sobre todo, alternativas que no se sientan como un sustituto menor.
La buena noticia es que hoy existen opciones suficientes para construir un menú que mantenga el espíritu de la temporada sin comprometer la experiencia ni la seguridad. La clave está en entender qué función cumple el pescado en estos platillos —textura, aporte proteico, sabor umami— y replicarla con ingredientes que sí puedes consumir.
Las proteínas vegetales son el punto de partida más sólido. El tofu firme, por ejemplo, puede marinarse con cítricos, ajo y especias para lograr preparaciones que recuerdan a un ceviche o incluso a un pescado empapelado. La textura del tofu, bien trabajada, absorbe sabores de forma eficaz y permite jugar con recetas tradicionales sin caer en versiones planas. El tempeh, con un perfil más intenso, funciona bien en guisos o preparaciones más especiadas.
Otra alternativa interesante son las setas. Hongos como el portobello o la seta ostra tienen una textura carnosa que se presta para preparaciones al grill o al horno. Con un buen adobo —limón, aceite de oliva, hierbas frescas— pueden convertirse en el centro del plato sin que se perciba como una ausencia.
También están las legumbres, que aportan saciedad y versatilidad. Unas tortitas de garbanzo con especias, por ejemplo, pueden ocupar el lugar de unas croquetas de pescado sin perder presencia. Las lentejas, por su parte, permiten reinterpretaciones más complejas: desde albóndigas hasta rellenos para empanadas.
Para quienes buscan algo más cercano al sabor del mar sin recurrir al pescado, las algas son una opción que vale la pena explorar. Ingredientes como el nori o el wakame aportan ese toque salino característico y pueden integrarse en ensaladas, arroces o incluso en caldos ligeros.
No hay que olvidar las opciones comerciales que han evolucionado de forma notable. Hoy existen productos plant-based diseñados específicamente para imitar pescado, desde filetes hasta alternativas tipo atún vegetal. No todos son iguales, pero algunos logran resultados bastante logrados tanto en sabor como en textura.
Más allá de los ingredientes, lo importante es cambiar la narrativa: no se trata de reemplazar el pescado como si fuera una pérdida, sino de abrir el menú a otras posibilidades que quizá no estaban consideradas. Semana Santa puede seguir teniendo ese componente ritual y gastronómico sin depender de un solo tipo de proteína.
Si tienes alergia, el foco siempre debe estar en la seguridad: revisar etiquetas, evitar contaminación cruzada y, si comes fuera, comunicar claramente tu condición. A partir de ahí, el resto es creatividad. Porque sí, se puede sostener la tradición, pero también reinterpretarla sin que pierda sentido.