Las brochas de maquillaje suelen ser las grandes olvidadas del neceser. Se limpian —a veces—, se guardan con cuidado y se siguen usando durante años sin cuestionarlo demasiado, sin embargo, al igual que los productos que aplican, las brochas tienen un ciclo de vida que conviene entender. No solo por una cuestión de higiene, sino también por el efecto que tienen sobre la piel y la forma en la que el maquillaje se ve y se comporta a lo largo del día.
La pregunta no tiene una única respuesta, porque no todas las brochas envejecen igual ni se usan de la misma forma. El material, la frecuencia de uso y la manera en que se lavan influyen directamente en su duración.
Brochas de base y corrector
Las brochas destinadas a productos líquidos o en crema son las que más desgaste sufren. Están en contacto constante con fórmulas densas, aceites y correctores que, aunque se limpien con regularidad, se van acumulando en la base del pelo. Con el tiempo, esto afecta su textura, las vuelve más rígidas y menos precisas. En condiciones normales, una brocha de base bien cuidada puede durar entre uno y dos años. Si empieza a perder suavidad, deja marcas visibles en la piel o ya no distribuye el producto de manera uniforme, es momento de reemplazarla.
Brochas para polvos y rubor
Estas suelen tener una vida útil más larga porque trabajan con productos secos. Si se lavan correctamente y se dejan secar por completo, pueden durar hasta tres años sin problema. El signo más claro de desgaste aparece cuando el pelo pierde forma, se abre en exceso o ya no deposita el color de manera controlada. Cuando el rubor o el polvo se ve parchado, la brocha suele ser la causa.
Brochas para ojos
Las brochas de sombras y difuminado requieren más atención de lo que parece. Al estar en contacto con una zona delicada, cualquier acumulación de producto o residuo puede afectar tanto el acabado como la piel. Aunque no se deterioran tan rápido como las de base, conviene evaluarlas cada año y medio. Si el pelo se siente áspero o ya no difumina bien, su función principal se pierde.
Materiales que importan
Las brochas de pelo sintético de buena calidad suelen resistir mejor el uso constante y los lavados frecuentes. Las de pelo natural, aunque ofrecen acabados muy finos, son más delicadas y tienden a deformarse antes si no se cuidan correctamente. Ninguna brocha está diseñada para durar toda la vida, incluso cuando parece visualmente intacta.
Señales claras de que ya no funcionan
Más allá del tiempo, hay indicios que no conviene ignorar: caída excesiva de pelo, olor persistente incluso después de lavarlas, sensación áspera sobre la piel o dificultad para aplicar el maquillaje como antes. Usar brochas en ese estado no solo afecta el resultado, también puede provocar irritación o brotes.
Cambiar las brochas no significa renovar todo el set al mismo tiempo. Se trata de observarlas, entender cómo responden y aceptar que forman parte del maquillaje tanto como una base o un labial. Cuidarlas prolonga su vida, pero saber cuándo dejarlas ir también es parte de una rutina de belleza bien pensada.