Flabelus celebró por primera vez fuera de Madrid su sexto aniversario con México, Land of Oz, una experiencia inmersiva en el Parque Quetzalcóatl, en Naucalpan, Estado de México. Inspirado en el viaje de Dorothy en El Mago de Oz, el proyecto reunió moda, narrativa y arquitectura en un recorrido dividido en cinco reinos, donde los invitados participaban en la historia en lugar de limitarse a observarla.
La elección del lugar aportó una dimensión adicional a la propuesta. Diseñado por el arquitecto mexicano Javier Senosiain, el parque se distingue por sus formas curvas y su integración con la vegetación. Sus espacios orgánicos ofrecieron un escenario que dialoga con la lógica fantástica del relato y permitió a Flabelus plantear una celebración de aniversario alejada del formato habitual de una presentación de marca.
Javier Senosiain convirtió la arquitectura en parte del relato
En México, Land of Oz, el entorno no funciona únicamente como fondo para las instalaciones. Las formas envolventes, los recorridos entre vegetación y la relación entre arquitectura y naturaleza contribuyen a construir la atmósfera de la experiencia.
La obra de Senosiain parte de una búsqueda arquitectónica que privilegia la integración con el paisaje y las formas inspiradas en la naturaleza. En el Parque Quetzalcóatl, esa visión crea una sucesión de espacios que se perciben distintos de la arquitectura urbana convencional. Para Flabelus, esa cualidad permitió conectar el imaginario de Oz con un lugar mexicano que ya posee una identidad visual definida.
La relación entre ambos lenguajes también distingue el proyecto de una escenografía efímera instalada en un recinto convencional. Aquí, la arquitectura existente forma parte de la narrativa y condiciona la manera en que los visitantes avanzan, observan y se relacionan con cada intervención.
Cinco reinos para recorrer la historia de Dorothy
La experiencia se organizó en cinco reinos que reinterpretan elementos del viaje de Dorothy. El relato comienza con una flor que se marchita en una ciudad dominada por las pantallas y continúa con escenas que plantean preguntas sobre la identidad, la memoria y la relación con el entorno.
Entre las estaciones aparecen espacios como la Frontera de los Sueños, el Muro de las Historias Olvidadas y el Reino de las Historias Perdidas. Cada uno propone una forma distinta de acercarse a la historia mediante imágenes, personajes e intervenciones sensoriales.
Un pasaporte entregado al inicio del recorrido funcionó como hilo conductor: los invitados reunían cromos y completaban sus páginas a medida que avanzaban. Este recurso convirtió la visita en una experiencia participativa y dio continuidad a las distintas estaciones.
La estructura recuerda que una historia puede funcionar como algo más que una referencia estética. En lugar de limitarse a reproducir imágenes reconocibles de El Mago de Oz, Flabelus construyó una secuencia que invita a los visitantes a formar parte de ella.