Carolina Bucci se une a Audemars Piguet para dotar de nueva vida a uno de sus modelos clásicos

 
 

Con la ayuda de la diseñadora de joyería italiana, la marca presenta el Lady Royal Oak Frosted Gold.

Por: Pedro Aguilar @pmaguilarr

Foto: MARC DUCREST

 

Con un Royal Oak de oro amarillo en la muñeca, Carolina Bucci fue presentada a François-Henry Bennahmias por un amigo en común. La diseñadora florentina de joyería había recibido aquel reloj como regalo de cumpleaños por parte de su esposo poco más de un año atrás y, desde luego, la pieza no pasó inadvertida para el CEO de Audemars Piguet. Después de conversar durante unos minutos, Bennahmias no resistió más y lanzó una pregunta simple y directa: “Eres una mujer que diseña joyería femenina, ¿por qué usas un reloj de hombre?”. Bucci, quien se define a sí misma como una mujer de ideas firmes y cuyo fuerte sentido de la estética está plasmado en cada una de sus creaciones, respondió sin dudar: “Porque no fabrican el reloj de mujer que yo quiero”. “¿Lo diseñarías?”, volvió a cuestionar Bennahmias y ella, dejándose guiar por la pasión y la espontaneidad  que ha dado paso a todas las decisiones importantes de su vida personal y profesional, aceptó el reto con un contundente “Sí”.

Esta anécdota llegó a mis oídos de labios de la propia Bucci, durante a una visita a su atelier de Florencia 
para descubrir el Lady Royal Oak Frosted Gold, pie
za resultante de aquella conversación y que, tres años
y medio después, se presentó en primicia a un selecto
grupo de medios internacionales, socialités y clientes especiales de la marca en aquella ciudad italiana. En este mis
mo encuentro, Carolina me contó cómo llegó a ella aquel guardatiempos. “Dado que yo me hago mis propias joyas, 
mi esposo ha optado por regalarme obras de arte o relojes en ocasiones especiales”, me explicó. “Para mi cumpleaños 35, hace cinco años, estaba teniendo dificultades para decidir qué quería que me comprara y un día, caminando por Nueva York, vi a una mujer cuyo reloj me llamó mucho la atención. La seguí escaleras arriba por Bergdorf Goodman hasta que logré acercarme a ella y ver qué marca era aquel. Al investigar sobre aquel modelo, uno que se produjo a finales de los años setenta y principios de los ochenta, me di cuenta de que ya se había descontinuado. Por suerte, mi esposo fue capaz de conseguir uno para mí y lo he usado desde entonces”, continuó.

Aquel flechazo obedeció a varias razones. La primera fue que el oro amarillo del que estaba hecho combinaba a la perfección con las joyas que Carolina usa habitualmente. “Me gusta mezclar oro de distintos tonos y el suyo armonizaba muy bien con mis demás piezas de joyería”, me aseguró. Por otro lado, dada su debilidad por los relojes grandes, las proporciones y el diseño de aquel modelo –concebido originalmente por Gérald Genta en 1972– le parecieron destacables. “Particularmente, me encantó el brazalete por su diseño complicado y único. La manera en que se mueve y en la que cada una de sus  partes encaja es admirable”, añadió. Por último, menciona que, a pesar de tener una muñeca pequeña, el modelo se ajustó perfectamente a su anatomía. “Encontrar un reloj que se acomode bien en mi muñeca es siempre todo un reto y, como podrás imaginarte, para mí las muñecas son una parte muy importante del cuerpo”, aclaró. El enamoramiento fue tan profundo que Carolina pocas veces se quitaba el reloj y éste terminó por convertirse en un elemento de su inconfundible estilo y ella, en una embajadora no oficial de la marca. Algunos dirían que aquel encuentro fue concertado en el cielo.
 No obstante, el punto de partida para la colaboración de Bucci con Audemars Piguet no fue el diseño original de Genta, sino la reinterpretación que de él hiciera en 1976 Jacqueline Dimier: el Lady Royal Oak. Ante el innegable éxito del modelo original, los altos ejecutivos de la marca comisionaron a Dimier para diseñar una versión femenina de aquel reloj que había roto con todas las reglas de la industria. En una época en la que todos los modelos para mujer eran pequeños y cubiertos de diamantes, la firma apostó por un diseño con carácter e innovador. “Lo novedoso en aquel momento fue adaptar un modelo de hombre y convertirlo en uno para mujer. Esa fue la verdadera innovación”, me aseguró Jasmine Audemars, presidenta de la junta de administración y de la fundación de la marca, quien también se dio cita en la ciudad para asistir a tan importante evento. Por su parte, Jacqueline Dimier, quien se desempeñó como jefa del equipo interno de diseño de la maison hasta 1999 y que fue invitada de honor al lanzamiento, recordó la misión que le fue encomendada cuatro décadas atrás: “A nivel técnico esa adaptación significó considerables retos, pues al reducir el tamaño del reloj era necesario reducir el de todos y cada uno de los componentes. La muñeca de una mujer es más pequeña que la de un hombre y el respetar la ergonomía del diseño es difícil. La resistencia al agua debía ser la misma que en el modelo de hombre y ese también fue un desafío importante”.

Reinterpretar un reloj que desde su origen fue concebido para una nueva genera
ción de mujeres fue una tarea que generó
a Bucci una gran emoción, pero también
cierto grado de incertidumbre. “El proceso puede ser más abrumador que crear algo
desde cero porque debes respetar lo que ya
 existe y potencialmente mejorarlo. Afortu
nadamente mi idea surgió bastante rápido y 
tenía muy claro lo que quería hacer”, sostuvo. El sello de Bucci se hizo presente gracias
a la aplicación de un tratamiento propio de 
la joyería que se conoce como técnica flo
rentina. Ésta consiste en golpear la superficie
 del oro con una herramienta que tiene en
 su punta un diamante. De este modo, las pequeñas marcas creadas sobre la superficie generan un brillo similar al de las piedras preciosas cuando son expuestas a la luz.

Si bien Carolina lleva varias décadas utilizando esta técnica en diseños de joyería de menor tamaño, aplicarla a la superficie de la caja y el brazalete del Lady Royal Oak supuso un trabajo de varios meses hasta que se alcanzó el equilibrio perfecto entre el brillo, la suavidad al tacto y la flexibilidad. “Cuando presenté mi idea, todos la amaron y se sintieron emocionados. El siguiente paso fue comprobar que llevarla a cabo era viable. Recibí un Royal Oak en partes y una vez que le aplicamos el ‘acabado florentino’, como yo lo llamo, regresamos todas las piezas a Suiza para que pudieran reensamblarlo”, me explicó Bucci para después añadir: “A la vista el resultado era magnífico, pero aplicar el acabado a una pieza de joyería y a una de relojería son procesos muy distintos. En aquel primer intento, la sensación al tacto y la funcionalidad no fueron cien por ciento satisfactorias. El proceso se repitió un total de siete veces hasta que encontramos el balance perfecto entre estética y funcionalidad”. Tras todas estas pruebas, los artesanos de la manufactura de Audemars Piguet, localizada en Le Brassus, lograron perfeccionar la técnica y materializar las piezas que Bucci imaginó desde un principio: un modelo en oro rosa y otro en oro blanco.

El hecho de que el acabado se aplica a mano a cada componente de cada ejemplar para después ser ensamblado, implica que en ocasiones es necesario hacer algunos ajustes y que cada pieza requiera una cantidad de tiempo distinta para su fabricación. Esto significa, en cierto modo, una ruptura con algunos de los paradigmas más fuertes de la relojería. “Siendo una industria tan precisa y científica, apostaron por un método de fabricación que apela a la emoción –pues el acabado dista mucho de ser científico y preciso– y eso hace que cada reloj sea diferente y único”, aseguró Bucci. Al decir de Dimier, la reinterpretación que Carolina ha hecho de su diseño es magnífica: “Me emociona que su aportación haga que la imagen de la marca y de la familia Audemars Piguet vivan por mucho más tiempo”, sostuvo.
 El Palazzo Vecchio fue el sitio elegido para realizar la cena de gala con la que el Lady Royal Oak Frosted Gold fue presentado al mundo. Bucci, quien desde hace algunos años eligió Londres como su hogar, no podía ocultar su emoción ante el hecho de que su ciudad natal recibiera tal honor. “Soy de Florencia y, aunque ahora vivo en Londres, mi corazón y mis raíces se encuentran aquí. De aquí surgió mi pasión por la herencia, la artesanía y la tradición”, afirmó. Así, ante una concurrencia en la que destacaron la actriz Freida Pinto y la modelo Arizona Muse, y enfundada en un romántico diseño de la firma Hillier Bartley, la joyera florentina develó –de la mano de Bennahmias– un renovado Lady Royal Oak que gracias a su visión fue infundido con altas dosis de sensibilidad femenina, manteniendo intactos sus códigos. Nada se sustrajo o se añadió y, sin embargo, el reloj fue completamente transformado. Al igual que los invitados, las pinturas de Giorgio Vasari y las esculturas de Miguel Ángel y Vincenzo de Rossi fueron testigos del nacimiento de un nuevo clásico. Larga vida al Lady Royal Oak Frosted Gold. 

 

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