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Blog Digo y me contradigo
Pedro Aguilar Ricalde
 

12 lecciones que he aprendido siendo editor

 
 

Las claves para tener una idea realista de la vida al interior de una redacción.

Por: Pedro Aguilar @pmaguilarr

 

Las últimas dos semanas he estado volcado en encontrar a una persona que se incorpore al equipo de Harper’s Bazaar como redactor junior. Este proceso me ha permitido confirmar dos cosas: existe una gran cantidad de personas interesadas en trabajar en revistas de moda y son pocas las que realmente conocen el funcionamiento interno de las mismas.

Es innegable que películas como The Devil Wears PradaThe Intern y 13 going on 30 han contribuido a crear una idea poco realista de la vida al interior de una redacción. Yo mismo tenía muchas expectativas erróneas antes de obtener mi primer trabajo en el mundo editorial. Por todo lo anterior, he decidido escribir este post para compartir algunas de las cosas que he aprendido a lo largo de los años que me he dedicado a esta labor.

1.       Si bien la labor de los equipos de moda es crucial y su conocimiento de las tendencias es indispensable para organizar sesiones de moda, hacer styling y seleccionar los productos que ilustran cada página de una revista, hay otras labores muy importantes de las que no mucha gente tiene conocimiento. El diseño editorial es una de ellas y, dependiendo del título, puede requerirse de editores de belleza, viajes, cultura, gastronomía, etc.

2.       Escribir bien –con buena ortografía, sintaxis y dominando las reglas de puntuación– es una habilidad que puede abrir muchas puertas. A título personal, puedo asegurarles que las ofertas para los puestos que he tenido han llegado por mis habilidades para la redacción.

3.      Los editores no se pasan los días entre desfiles, fiestas y citas con diseñadores. Si bien esto puede ocurrir ocasionalmente, la mayor parte del tiempo transcurre frente a la computadora desde la cual se responden correos electrónicos, se hacen llamadas telefónicas y se cierran páginas y páginas y más páginas de la revista.

4.      Para comprender cómo operan e interactúan todos los equipos que integran una revista es muy conveniente iniciar desde abajo. Mi primer puesto fue como asistente del equipo de moda y me encargaba de las labores de menor responsabilidad. Desde ahí he ido ascendiendo y las cosas que he aprendido en cada puesto de mayor rango me siguen sirviendo hasta el día de hoy. Les aseguro que ya no me llevan al baile tan fácilmente.

5.      Ser cuidadoso, preciso, perfeccionista y, a la vez rápido, es altamente valorado en un medio en el que suelen presentarse muchos imprevistos que deben ser resueltos al momento. Sin importar qué puesto se tenga y cuánta responsabilidad recaiga sobre uno, es imprescindible mostrar un alto grado de profesionalismo y compromiso.

6.      Quienes pretendan solicitar un puesto en una revistadeben conocerla profundamente. Es decir, deben conocer sus secciones, el tipo de contenido que se aborda en cada una, la manera en que se enfocan los temas…en pocas palabras, su personalidad y su esencia. “Nadie ama lo que no conoce”, asegura un viejo dicho.

7.      Para escribir de moda es importante tener claro que ésta va mucho más allá de marcas y diseñadores. Para tener un panorama más completo se debe entender su relación con la economía, la sociología, la historia, la política, la música, el cine, el arte, la fotografía, la
ilustración y los viajes, entre muchas otras disciplinas.

8.      Cualquier dato que se publique –el nombre de una marca, de un diseñador, de un museo, de una persona, de una ciudad, cualquier cifra, dirección o fecha– debe ser corroborada hasta estar seguros de que es correcto. La validación de la información aporta seriedad a nuestro trabajo.

9.      Un correo electrónico es nuestra carta de presentación. Si contactamos a algún editor para solicitar una oportunidad en sus equipos, debemos asegurarnos de que estamos enviando un texto impecable. IMPECABLE.

10.   Los regalos, las fiestas exclusivas, los viajes a todo lujo, el acceso privado para conocer una colección, las entrevistas a celebridades, etc. son cosas que probablemente lleguen con el tiempo y la experiencia o que probablemente nunca ocurran. La verdadera recompensa de trabajar en una revista es verla impresa cada mes.

11.   El periodismo, del tipo que sea, es un oficio que se aprende día a día con el trabajo duro, escuchando consejos, viendo trabajar a nuestros jefes, preguntando, estando abierto y receptivo a las correcciones, y no olvidando los errores cometidos. Las personas a las que más admiro –directores, editores, diseñadores...– son personas que llevan años aprendiendo y esforzándose por hacer revistas mejores y más originales.

12.   Quien quiere, puede. Hay muchos caminos para llegar a nuestros objetivos y no conozco a una sola persona que trabaje en una revista que no haya tenido que insistir mil veces hasta obtener primera oportunidad. El chiste está en no desanimarse y en saber que nada ni nadie es inalcanzable.

Para concluir, comparto una anécdota personal. Cuando me dieron el puesto de asistente de moda en la primera revista para la cual trabajé, tenía 26 años, llevaba cuatro de haberme graduado y no tenía idea de muchas cosas. La tarea que me asignaron fue escribir el directorio de todas las marcas de moda que aparecían en la revista; de muchas de ellas no había escuchado hablar nunca. Después de entregarla, muy feliz de haber cumplido con la misión que se me había encomendado, la subdirectora –que hoy es editora general de una importante revista en España– se acercó y preguntó: 

–¿Quién hizo el directorio de marcas?

–Yo–, respondí muy orgulloso del trabajo que acababa de completar.

–La marca Bottega Veneta está mal escrita. Bottega lleva dos tes. Es un error imperdonable escribir mal ninguna marca, ¿está claro?

En aquel momento me quise morir y no supe qué responder a aquel regaño. Así aprendí a escribir Bottega Veneta y también a verificar cada dato del que no estuviera seguro. Hoy pienso: ojalá en aquel entonces, alguien con más experiencia me hubiera compartido –a través de su blog– sus consejos para evitarme esos tragos amargos. Desde luego, también es cierto que nadie aprende en cabeza ajena. 

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